Ajusticiamiento del gobernador Pedro de Algaba
Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos · Año: 1480
Pedro de Algaba, o del Algaba, o Fernández de Algaba, que por todos esos nombres se le ha conocido, fue el primer gobernador de la isla de Gran Canaria. Llegó al Real de Las Palmas a finales de 1478, tras ser nombrado en agosto de ese año por los Reyes Católicos con el objetivo de mediar en el conflicto planteado entre los dos principales jefes de la conquista de la isla de ese momento: Juan Rejón, capitán y fundador del Real de Las Palmas; y el deán Bermúdez, jefe religioso con mando en plaza.
Algaba, nada más llegar, tomó partido por el bando de Bermúdez, apresando a Rejón y enviándolo a la Península para que allí fuera juzgado por rebeldía y desacato a su autoridad. Pero Rejón debía de tener muy buenos padrinos en la corte, pues fue inmediatamente indultado y aparece de nuevo en Las Palmas en agosto de 1479, agudizándose aún más los problemas entre los castellanos. Esta "guerra civil" entre los principales jefes de las tropas invasoras repercutió de manera evidente en el lento desarrollo del proceso de conquista de la isla.
Ante esta situación, Algaba, como gobernador del lugar, envió de nuevo a Sevilla a Rejón; y éste nada más llegar acusó a su adversario de gobierno ineficaz, negligencia militar y de querer vender la isla a los portugueses. En esos momentos Castilla y Portugal estaban en plena guerra y la titularidad de las islas Canarias no estaba del todo clara, por lo que estas quejas surtieron efecto y se le autorizó, de nuevo, a volver al archipiélago con hombres y armas.
Juan Rejón desembarcó de manera furtiva a comienzos de mayo de 1480 en el puerto de La Isleta, introduciéndose con ayuda de sus partidarios en el Real de Las Palmas. Al día siguiente, mediante un golpe de mano, apresó a sus rivales (Algaba y Bermúdez) a la salida de una misa celebrada en la ermita de Santa Ana, hoy San Antonio Abad, e inició entonces un proceso contra los dos, acusándolos de alta traición. Bermúdez fue sentenciado a destierro y Aldaba condenado a muerte, siendo decapitado a finales del mes de mayo o principios de junio de 1480 en la misma plaza donde había sido capturado.
Al enterarse de estos sucesos, los reyes enviaron un nuevo gobernador, Pedro de Vera, persona de enorme determinación y con amplios poderes. Tras su llegada a Las Palmas en agosto de 1480, el nuevo gobernador apresó y remitió a Rejón a la Península. A partir de ese momento, Pedro de Vera, como máximo jefe, se dedicó de pleno a la conquista de la isla que tanto se había retrasado por rencillas personales; reto que logra culminar, tras grandes esfuerzos, en 1483.
Rejón, por su parte, volvió a ser sorprendentemente indultado. Y no sólo eso, sino que ahora se le ordena que volviera a Canarias con la misión de abordar la conquista de las islas de La Palma y Tenerife. Cuando llegó al puerto de las Isletas con la intención de avituallarse para su nueva misión, Pedro de Vera no lo dejó desembarcar. Ante el rechazo, Rejón puso rumbo a La Palma pero recaló, tras una terrible tormenta, en las costas de Hermigua, en La Gomera. Era mayo de 1481. Aquí fue muy mal recibido por el señor de la isla, Hernán Peraza el Joven, hijo de Diego de Herrera, con quien Rejón ya se había enemistado en Lanzarote años atrás. Peraza envió un grupo de hombres con la intención de prenderlo y traerlo a su presencia; lo que provocó una refriega en la que Rejón resultó muerto, atravesado por una lanza. Así terminó sus días el primer conquistador de Gran Canaria y fundador de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.
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