Calle Andamana
Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos
¿Qué tienen en común el Canal de Suez, la Perestroika, la guerra del Sahara y la globalización? Una producción canaria [Estación Andamana] responde a estas preguntas, con la perspectiva que concede la evolución del Puerto en las últimas décadas. Ahí, en La Luz, se encuentran las respuestas. En su historia destaca las peculiares conexiones que mantuvo con los muelles la popular calle Andamana, en el barrio de La Isleta.
Con el cierre del canal de Suez a finales de los años 50, como consecuencia del conflicto bélico entre Egipto e Israel, los pesqueros japoneses, coreanos o rusos descubrieron que podían encontrar abundantes capturas (de pulpo o calamar, entre otras) en el banco canario-sahariano. A La Luz comenzaron a llegar barcos de todas las banderas: se disparó la actividad en el muelle, y el Puerto encontró un punto de arranque para su expansión, en unos años que los habituales de los muelles recuerdan como sus años dorados.
Muchos de esos marinos fueron recibidos por los burdeles de Andamana, calle que, en la boca de salida del recinto portuario gozaba de una inmejorable posición estratégica. Los portales de las clásicas casas terreras de La Isleta se llenaron de mujeres que fumaban, ofreciendo sus servicios. Lo que no se conocía tanto, fuera de ese entorno, era la identidad de los propietarios de algunos de esos locales de vida alegre. Varios empresarios orientales, que llegaron a la Isla como consecuencia de su actividad pesquera, comenzaron a regentarlos, como un negocio boyante.
Allí trabajaron muchas canarias, pero también las primeras inmigrantes sudamericanas, e incluso algunas turistas del norte de Europa que, sin dinero, se quedaron atrapadas en la Isla y buscaron de este modo una salida.
Putas, sexo y alcohol definieron los primeros años de aquel boom en Andamana, en donde se conocieron clientes de multitud de nacionalidades. Ningunos, dicen, bebían tanto como los rusos, que arribaron en su flota pesquera, y que llegaron a comprar por barriles alcohol etílico de farmacia para sus sonadas juergas en tierra. Al entrar en la década de los ochenta, la droga marca la posterior decadencia de la zona.
Su estado actual es de abandono, un pedazo de ciudad fantasma, lleno de carteles de "se vende", puertas y ventanas selladas, y sin asomo de la actividad que recibió en épocas pretéritas. Su futuro es el de la desaparición, afectada en los planes urbanísticos por la vía de circunvalación a La Isleta, cuya construcción, de momento, ha congelado la actual crisis económica.
28.151893, -15.421909