Camino real de Telde
Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1530
Los caminos reales tuvieron una importancia primordial a la hora de conectar por medios terrestres los diferentes núcleos poblacionales de las islas hasta bien entrado el siglo XX, cuando se empezaron a trazar las modernas carreteras. Solían ser caminos acondicionados para el tránsito de personas y mercancias. Eran mantenidos, a duras penas, por los cabildos y sus recorridos se adaptaban a un territorio muy difícil, surcado por grandes barrancos y enormes pendientes.
Las Palmas de Gran Canaria desde sus inicios se convirtió en el centro político y administrativo de toda la isla, por lo que rápidamente se establecieron, en algunos casos siguiendo los antiguos trazados aborígenes, caminos que la unían con las diferentes entidades de mayor población y actividad económica del resto de Gran Canaria. Uno de esos prósperos centros poblacionales era la ciudad de Telde que, situada en el sector sureste, florecía al amparo de la boyante actividad azucarera.
El camino real hacia Telde estaba ya funcionando a pleno rendimiento en 1531. Partía desde el mismo centro de Las Palmas, pasaba por la ermita de San Marcos para dirigirse a continuación hacia la llamada huerta de los Parrales y continuar por la linde de la playa de La Laja hacia el Valle de Jinámar y desde ahí llegar a la fértil vega teldense. Por su empedrado circularon personas y mercancías transportadas en carros, camellos, bestias y esclavos.
El camino real hacia Telde, al que se conectaron numerosos senderos y veredas comarcales, fue el primer intento serio de comunicar por vía terrestre la capital con el Sur de la isla. Su desarrollo estaría hoy sepultado por el primer tramo de la GC-1 y luego discurría aproximadamente por el trazado de la actual GC-100.
28.044002, -15.415501