Casamatas de la II Guerra Mundial
Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos · Año: 1939-1945
Los vencedores de la guerra civil los construyeron a principios de los años cuarenta para el caso de que España entrara en el conflicto mundial al lado de las potencias del Eje, lo que habría expuesto a Canarias a un intento de invasión aliado, que tendría por objetivo principal precisamente a Las Palmas por la capacidad del Puerto de La Luz para acoger grandes navíos. Afortunadamente, nada de esto que estuvo a punto de ocurrir sucedió y hoy estas fortificaciones, las que no han sido derribadas, se reparten por la ciudad como señalizaciones del limbo. Uno de estos búnkeres, seccionado por la construcción de una carretera, se emplaza en La Minilla, en la tierra baldía que queda por encima del viejo Estadio Insular. Otro se asoma a la Avenida Primero de Mayo desde el risco de San Nicolás. Hay algunos más en El Confital, en el área de La Isleta que controla el Ejército, y en las Mesas de San Juan, a los que hay que sumar otro agazapado en una cornisa del barranquillo de Don Zoilo, bajo los antiguos pabellones militares de Cuatro Cañones, que dispone de una impresionante vista panorámica de la Bahía de La Luz.
Desafectados por el Ejército -a excepción de los que se encuentran dentro del recinto militar de La Isleta-, la ciudad ignora a estos monolitos, cubiertos de desechos humanos y a veces ocultados por el propio crecimiento de la urbe, del mismo modo que los monolitos parecen ignorar la ciudad, replegados sobre sí mismos. Con todo algunos estudiosos han llamado la atención sobre su valor. Así, Juan José Díaz Benítez, profesor del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y secretario del Aula Sociedad-Ejército del centro académico, cuya web ofrece mapas y otras informaciones sobre estos búnkeres y las demás fortificaciones construidas en Gran Canaria durante el enfrentamiento que llevó al mundo al abismo entre 1939 y 1945.
Pero Díaz Benítez es, además, autor de un libro imprescindible, Canarias indefensa: los proyectos aliados de ocupación de las islas durante la II Guerra Mundial (2008), que incluye algunas páginas sobre estos búnkeres de Las Palmas y otras construcciones militares del Archipiélago. Por su obra, escrita después de investigaciones en diversos archivos europeos, sabemos de la extrema preocupación de los alemanes por la capacidad de Canarias para resistir una ofensiva aliada y de una directiva del propio Hitler, que ordenaba en 1940 comprobar in situ el estado de la defensa en las Islas. La misión, realizada con la anuencia y colaboración de las autoridades españolas, se encargó a un capitán de fragata apellidado Krauss, que se paseó varios días de diciembre de 1940 por enclaves como estos, en los que hoy, ajeno a su tremenda carga histórica, cualquier vecino de Las Palmas puede estar dando una vuelta con su perro o amándose con su pareja.
Otro estudioso de estas casamatas de Las Palmas, Artemi Alejandro-Medina, arqueólogo experto en arqueología del conflicto, que ha realizado trabajos de campo para una fundación inglesa en teatros de operaciones como Verdún, Las Ardenas y Normandía, explica que, acondicionados y bien gestionados, estos búnkeres pueden constituir una fuente de riqueza para la ciudad. "En Picardía, señala al efecto, una región deprimida del norte de Francia, se ha montado con espacios como estos una industria turística que mueve millones de euros". El hecho de que estos blocaos nunca entraran en combate no les quita carga histórica. "Hay varias zonas de línea defensiva en los alrededores de Londres que nunca entraron en combate y, sin embargo, forman parte de rutas visitables", indica.
Un posible itinerario puede empezar, por ejemplo, en el pequeño búnker para ametralladoras de Punta Salinas, en El Confital -parte del complejo del recinto militar de La Isleta-, próximo a los vestigios de esos otros emplazamientos de alto interés etnográfico que son las propias salinas y el secadero de pescado del siglo XIX. La jornada se puede completar con las tres casamatas de La Punta de El Confital -uno de los escenarios de invasión que contemplaron los británicos fue precisamente la Bahía de El Confital-, en una visita en la que cabe incluir así mismo el yacimiento guanche de La Cueva de Los Canarios y el paleontológico con conchas de más de un millón de años de antigüedad, además del recuerdo del mítico rodaje en estas aguas de la película Moby Dick, de John Huston en 1954.
Otra estación de este recorrido por los búnkeres de Las Palmas -los que sobreviven, otros como el de la playa de San Cristóbal, el del Muelle Frutero o el de la Base Naval fueron derribados- puede estar en dos cornisas, dos de esos vacíos sobre los que se articula la ciudad: la de La Minilla y la del Barranquillo de Don Zoilo. El primero, que fue una posición de mando de la batería de Arenales, controlaba la playa de Las Canteras y Las Alcaravaneras, durante la Segunda Guerra Mundial libres de construcciones. En la actualidad, cortado en dos por la carretera, se encuentra bajo el Instituto de Secundaria de La Minilla y en el descampado del otro lado de la vía. Al del Barranquillo de Don Zoilo, que dependía jerárquicamente del anterior, se puede acceder desde Cuatro Cañones o desde el Paseo del Capitán López Orduña.
Los riscos de San Nicolás y de San Juan, que, como La Isleta, se han convertido en grandes iconos de Las Palmas, aunque poco visitados, constituyen la tercera estación de este recorrido. El pequeño búnker de San Nicolás se puede contemplar desde la calle Domingo Guerra del Río o desde la azotea de algunos edificios de la Avenida Primero de Mayo. El de las Mesas de San Juan se encuentra en una zona fortificada junto a los restos de un cuartel de finales del siglo XIX, en la parte superior del barrio de San Juan. Éste está integrado por dos niveles, uno superior, de mando, y otro inferior, que albergaba el telémetro, el aparato óptico para medir la precisión de tiro de la artillería defensora.
(Texto de Mariano de Santa Ana)
28.117164, -15.428954