Club Náutico

Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1908 · Autores: Alfonso San Martín

El soberbio edificio que don Alfonso San Martín construyó sobre el mar, sustentado en doscientos pilares de cemento armado y que se componía de un cuerpo central y dos pabellones laterales, con gran terraza al mar y dos estrechas torres en su piso alto, tiene una lectura mucho más profunda que la que puede encontrarse al comentar un determinado estilo arquitectónico o unas técnicas constructivas más o menos novedosas. Cuando se conocieron los planos y el coste de las obras, se consideró como irrealizable el proyecto por la casi absoluta carencia de medios para ello. Pero la maestría del ingeniero, y el entusiasmo de la primera Junta Directiva del Club, venciendo obstáculos considerados a veces como insalvables, hicieron el milagro. En poco menos de un año se elevó majestuosamente junto al muelle de Santa Catalina lo que se consideró públicamente como el mejor edifico de España en su género. La Infanta Isabel, en su visita al Real Club Náutico a su regreso de Buenos Aires efectuada en 1910, no fue parca en alabanzas, felicitando a sus socios por haber «emplazado un edificio tan espléndido y haber ofrecido ese ejemplo de entusiasmo y de extraordinaria fuerza de voluntad a los análogos de la Península».

El edificio, del que se dijo que era uno de los más suntuosos de Europa, de estilo post-romántico de principios de siglo, con reminiscencias del Ochocientos, causó sensación en su época, poniéndose en repetidas ocasiones como modelo de construcción en cemento armado. Sin embargo, hay una razón más poderosa para detenernos en la singularidad de este edificio. Decía Canarias Turista que en nuestra tierra, donde a principios de siglo se observaban acentuadas huellas de nuestro carácter indolente, producía verdadero asombro el esfuerzo realizado por el Real Club Náutico por el atrevimiento que suponía llevar a cabo una empresa temeraria por la estrecha penuria de recursos, hecho que podía servir para fomentar el turismo, desarrollar planes de embellecimiento y acometer proyectos de reconocida utilidad pública. [...]

El edificio del Club pronto se mostró insuficiente para la intensa actividad social y deportiva que desde el momento de su fundación imprimió una vida complementaria a la habitual del Puerto de La Luz. [...] Esta es quizás la referencia más clara a la larga agonía del edificio postromántico que fue testigo de los sueños de una generación de canarios. Aunque en 1955 se completaron las obras de una serie de reformas, poco podía esperarse de un cuerpo enfermo, que si se mantenía erguido, lo era a costa de ímprobos y en cierto modo inútiles esfuerzos. [...] El estado de deterioro de sus estructuras era de tal magnitud, que ante el peligro de hundimiento, se prohibió hacer uso de la terraza [...] El 28 de septiembre de 1965 comenzó el derribo de la antigua sede del Real Club Náutico [...] Más de cinco décadas de historia social y marinera cayeron entre los escombros, y si en principio esa historia permaneció flotando en el polvo levantado por el derribo, y en el recuerdo nostálgico de un puñado de socios, poco a poco se fue diluyendo en la dinámica sociedad que se reorganiza en el nuevo edificio de la playa de las Alcaravaneras, como un símbolo de bienvenida a cuantos buques penetraban por la bocana del Puerto de La Luz.

28.141031, -15.429474