Combate Naval

Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1552

Este hecho es uno de los ejemplos más significativos de los múltiples ataques y numerosas amenazas que durante las décadas centrales del siglo XVI navíos franceses realizaron sobre las islas Canarias, acciones todas encuadradas dentro de la rivalidad existente en aquel entonces entre el reino de Francia y el emperador Carlos V de Alemania y I de España.
Durante esta coyuntura histórica, el 19 de abril de 1552, se produjo en aguas cercanas a la ciudad de Las Palmas un combate naval que mantuvo en vilo a la población de la principal ciudad de Gran Canaria. Desde finales de febrero de 1552 ya se conocía la presencia en aguas del Archipiélago de cinco navíos franceses que, en su misión de hostigar las posesiones españolas, no pararon de apresar cualquier embarcación que surcara estas aguas. El tráfico comercial entre las propias islas, y de éstas con el resto del mundo, se vio gravemente afectado ante esta situación. En algo más de un mes los asaltadores franceses habían capturado nada menos que ocho buques, tres de gran porte que enviaron a Francia, y cinco de menor tamaño que liberaron después de ser saqueados.
Ante este panorama, el gobernador de Gran Canaria, Rodrigo Manrique de Acuña, organizó, con buques disponibles en el puerto de la Luz, una pequeña flota canaria que hiciera frente a la amenaza. Esta fuerza naval fue sufragada en su mayor parte por los principales comerciantes y gente adinerada de la ciudad, principales perjudicados del insistente bloqueo francés. 
El 18 de abril de 1522, lunes de Pascua, tras un intento fallido el día anterior a causa del mal tiempo, la flotilla canaria compuesta por una nao, dos carabelas y una urca (embarcación grande, muy ancha por el centro, y que servía para el transporte de mercancías), se hizo a la mar desde el Puerto de la Luz en busca de los barcos franceses. Al amanecer del día siguiente se produjo la confrontación en aguas próximas a la ciudad de Las Palmas, desde donde, al parecer, se pudo seguir el desarrollo de toda la batalla. 
Los franceses fueron sorprendidos por la acción rápida de los barcos españoles y pronto se rindieron. Sus navíos, tras ser sometidos al pillaje por parte de las tripulaciones canarias, fueron remolcados hasta el puerto de la Luz. En la refriega murieron 80 franceses, resultaron heridos 15 y 83 fueron hechos prisioneros. Se liberaron además “muchos cristianos que llevaban a vender en Berbería”. Por parte española: solamente un muerto y numerosos heridos. 
El triunfo fue rotundo y la tranquilidad volvió a las aguas del Archipiélago, aunque por poco tiempo. Al año siguiente, otra armada francesa, esta vez al mando de François Le Clerc “Pata de Palo”, amenazó de nuevo Las Palmas; tras no poder tomarla, se dirigió hacia la desguarnecida Santa Cruz de La Palma, donde desembarcó, saqueó e incendió el lugar, dejando tras de sí ruina y desolación. 

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