El primer vuelo en Gran Canaria

Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos · Año: 1913 · Autores: Carmelo Castro

El Bleriot XI, el primer artefacto que surcó el cielo de la capital grancanaria el 30 de abril de 1913, vuelve en forma de réplica a la misma zona de El Rincón, donde el aeroplano original dejó impactados a los grancanarios con sus primeros vuelos y aterrizajes. El artesano Carmelo Castro ha construido el aeroplano [...], réplica del monoplano del aviador francés Leonce Garnier, un aparato de estructura de madera, tubos de acero y un motor con una cilindrada de 80 caballos, que permitía volar a 110 kilómetros por hora.

Según explica el doctor en Historia Contemporánea, Manuel Ramírez Muñoz, en su obra El primer vuelo en Canarias, el Bleriot XI llegó al Puerto de La Luz desmontado pieza a pieza en las bodegas del buque Reina Victoria Eugenia. Tras el montaje, despegó y aterrizó y realizó la proeza de volar en ocho ocasiones. Cuenta Ramírez que a principios del siglo pasado Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria rivalizaron por traer primero al aviador Garnier. Al final, fue esta capital la que logró gozar con el primer vuelo. "La curiosidad", narra Ramírez, "se extendió por toda la población, creciendo por momentos a medida que se acercaba el inicio del espectáculo, sobre todo, con el anuncio de que Garnier, una vez finalizada su actuación en Las Palmas de Gran Canaria, verificaría el raid desde esta población a Santa Cruz de Tenerife". Aunque inicialmente se habló de que el vuelo se llevaría a cabo en Las Rehoyas, al final se eligió "una explanada existente entre la carretera de Tamaraceite y la playa de Guanarteme". Fue el arreglo del campo de vuelos el que retrasó en un día la celebración de la proeza -estaba previsto el día de San Pedro Mártir- con cuatro salidas.

"La primera, de pruebas, alrededor del campo, y las tres siguientes llevando a bordo como pasajeros a Jaime Campany -primer canario que logró surcar el cielo a cien metros de altura-, a Julio Rodríguez y al gobernador militar de la plaza, Juan Sierra. Garnier sobrevoló las Canteras, el Confital, la Isleta y Tamaraceite, mientras las gentes que se agolpaban hasta en las montañas de los alrededores gritaban y aplaudían en cada despegue y cada aterrizaje, bautizando al piloto como rey de los aviadores y emperador de los aviadores".

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