Ermita de Santa Catalina

Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Arquitectura religiosa

Las crónicas y los historiadores comentan que la advocación de Santa Catalina de Alejandría la introdujeron en la isla las expediciones mallorquinas de misioneros entre los años 1360 y 1390, por tanto más de 100 años antes de que se fundara la ciudad de Las Palmas. Los mallorquines edificaron dos ermitas en Gran Canaria: una en Santa Catalina, a media legua de la ciudad de Las Palmas, y otra en La Aldea de San Nicolás, en el otro extremo de la isla de Gran Canaria, colocando en ellas unas imágenes labradas toscamente de Santa Catalina y de San Nicolás y San Antón.

Esta primera ermita de Santa Catalina debió estar localizada cerca de la Iglesia de Santa María del Pino, a pocos metros de donde estaba el Castillo de Santa Catalina, en la actual calle Presidente Alvear. Fue derribada o abandonada algún tiempo después de su construcción, ya que a la llegada de Juan Rejón en 1478 se encontraba en ruinas.

Curiosamente los castellanos que llegaron con Rejón encontraron “en unas casas canarias cerca de Las Isletas, tapiadas, ciertas hechuras de imágenes dos o tres dicen: mas la que trajeron al Deán Bermúdez fue San Antón Abad, dorado y algo apolillado, que hoy está en la parroquia de Teror”.

En 1599 los holandeses arrasan la ermita y posteriormente, en 1613, se edificó la segunda ermita de Santa Catalina, un poco al oeste de su enclave inicial, frente a la punta de tierra llamada de La Matanza.

En el primer cuarto del siglo XVIII se alzó la tercera ermita de Santa Catalina, que sustituía a la anterior, bastante alejada del enclave de las dos primeras. Se mantuvo hasta su restauración en 1957, quedando comprendida en el complejo arquitectónico del Pueblo Canario en Ciudad Jardín.

28.120372, -15.427596