Hotel Madrid

Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos · Año: 1900

"Después de una noche intensa de idas y venidas desde el Hotel Madrid, donde se hospedaban Franco y su familia, hasta el Gobierno Militar, los sublevados quisieron hacerse con el Gobierno Civil, que entonces estaba en la calle de Triana, cerca del parque de San Telmo". (Emilio González Déniz, Crónicas del salitre)

Inspeccionar las incontables fotografías y retratos que cuelgan de las paredes del Hotel Madrid equivale a pasar las páginas de un libro de historia. Igual que un niño que enseña un juguete nuevo, Paco Yánez disfruta mostrando a través de esas imágenes la historia que acrecienta la leyenda del Madrid.

Mientras Paco relata algunos pormenores de esa leyenda, me detengo frente a una vieja fotografía de pigmentos oxidados que muestra el rostro maduro y curtido de un Gregory Peck ataviado con el inconfundible aspecto del capitán Ahab, y no puedo evitar preguntarle a Paco por él: "Entonces, ¿no se quedó aquí cuando vino a rodar Moby Dick?" "No, no se quedó aquí, pero venía mucho por el hotel a tomar algo y hacer vida social", me contesta Paco Yánez, mientras mira de reojo la fotografía.

Además del retrato ajado de Gregory-Ahab, me fijo en el poster gigante de la película Tirma que hay detrás de la barra del bar, rodada en la isla en 1954, cuya actriz principal, Silvana Pampanini, dio lugar a una de las anécdotas más jugosas y excéntricas de las que atesora el Madrid, tal y como cuenta Emilio González Déniz en Crónicas del salitre, una recreación de sucesos acaecidos en las Islas Canarias a lo largo del siglo XX.

Silvana Pampanini era para el cine a mediados del siglo pasado lo que en la actualidad es Scarlett Johansson: una actriz de rompe y rasga que levanta pasiones por donde pasa, con la excepción de que la Johansson posee muchos más dotes para la interpretación que su homóloga italiana, que no pasó de ser una actriz de segunda fila con ínfulas de diva y cuya carrera cinematográfica nunca llegó al estatus de otras actrices italianas como Sofía Loren o Gina Lollobrigida.

Al llegar a la suite del Hotel Madrid, que no era sino la habitación más grande instalada en el último piso del hotel, la Pampanini exigió que le pusieran música en su habitación; pero no una música artificial de gramola, sino en directo. El problema es que no había pianos disponibles en ese momento en la isla y tuvieron que ir a buscarlo a Tenerife. El tumulto formado a la llegada del piano, primero en el muelle de Las Palmas y luego en las inmediaciones de la plaza Cairasco y la alameda de Colón, se quedó en una broma comparado con el que se creó cuando una grúa traída ex profeso del muelle se encargó de elevar el piano hasta la suite de la diva italiana.

Pero Gregory Peck y la Pampanini no fueron los únicos, ni siquiera los que dejaron una huella más indeleble en la historia, entre los viajeros que pasaron por el Hotel Madrid. Según consta en una Hoja de inscripción del Registro del hotel, del que hay una copia enmarcada también en una de sus paredes, el día 17 de julio de 1936 se instaló con su familia en la habitación número tres el general Franco, que había venido desde la Comandancia Militar de Canarias de Santa Cruz de Tenerife a Las Palmas para las exequias del gobernador militar de Gran Canaria, el general Balmes, muerto en extrañas circunstancias al disparársele accidentalmente su propia pistola en el estómago.

Mucho se ha elucubrado y se sigue elucubrando en la actualidad sobre este supuesto accidente que parece algo más que una providencial casualidad, pues proporcionó a Franco la excusa perfecta para viajar a Las Palmas. Al día siguiente, Franco marcharía por mar -no fue en coche porque le habían avisado de la posibilidad de un atentado a la altura del túnel de la playa de La Laja- hasta el aeropuerto de Gando, y desde allí a Tetuán pasando por Casablanca a bordo del Dragon Rapide para ponerse al frente del ejército español en Marruecos y del golpe militar que desembocaría en una larga y cruenta guerra civil de tres años.

En la actualidad, la habitación número tres en la que permaneció la familia Franco durante esa noche en la que se gestaba el golpe de Estado -es dudoso que él pasara mucho tiempo allí- es una más de las habitaciones que se ofrecen a los huéspedes y desde la que se tiene una vista inconmensurable de la terraza del hotel, de la plaza Cairasco y del Gabinete Literario.

Escritores, periodistas, políticos, actores, guionistas, directores, cantautores, filósofos, artistas y otras personalidades han dejado el efímero rastro de sus huellas en el Hotel Madrid, emplazado en una isla a medio camino entre tres continentes.

Viajeros que han convertido esa encrucijada perdida en medio de un océano infinito en un lugar un poco menos efímero y un poco más habitable.

El establecimiento abrió sus puertas como café-terraza en julio de 1900. En 1910 comienza a funcionar con el nombre de ‘Hotel Madrid Moderno’ en un edificio de dos plantas en torno a un patio central coronado por una pérgola. La fachada actual se diseña en 1928, y en el 1937 se acomete la obra para ganar la altura de 4 plantas.

28.102936, -15.416239