La Nevería de la Catedral
Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria
Desde finales del siglo XVII hasta bien entrado el siglo XIX, estas estancias que ahora contemplamos estuvieron ocupadas por la denominada nevería o almacén de nieve.
Tiempos en que no se conocía cómo fabricar el hielo, por cierto, elemento muy apreciado en aquella sociedad por sus valores culinarios en la fabricación de refrescos. Y, sobre todo, por sus valores curativos como analgésico y antiinflamatorio.
Por todo ello, se ideó conservar y transportar la nieve caída durante el invierno en la Cumbre hasta la capital de la isla. Como bien explica don Salvador Miranda en su estudio sobre los pozos de nieve, las precipitaciones de tan preciado elemento eran señal para el inicio de una frenética actividad. Recogida antes de que el sol la fundiera, la nieve se compactaba en bloques rectangulares y cubierta con gruesas capas de paja y helechos, en la oscuridad de pozos excavados en la zona más alta de Gran Canaria, aguantaba años.
Es fácil de imaginar el valor de tan preciada mercancía. El cabildo catedralicio inteligentemente supo valorar su rentabilidad comercial y de esta manera mandó construir dos pozos en la Cumbre. El primero, el más antiguo de los tres existentes en Gran Canaria, en 1694, y posteriormente otro en 1699. En verano, a lomo de bestias de carga, el hielo era traído a la Catedral de Santa Ana. Descargado en estos almacenes se comercializaba en la ciudad permitiendo a los señores canónigos completar sus rentas.
28.10100327217, -15.414330330798