La sima del diablo

Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Literatura · Subcategoría: Fragmentos literarios · Año: 2002 · Autores: Heinz Delam

El propio Heinz Delam dice de esta obra: "La sima del Diablo es una aventura soñada durante mis frecuentes viajes a Canarias. Con esta novela, mi pluma abandona las añoradas selvas africanas para adentrarse en los escenarios mágicos del archipiélago canario. Es una historia de misterio, de amor y descubrimiento, en cuyas páginas el lector encontrará los ingredientes habituales de mis novelas anteriores: aventura, enigmas del pasado y oscuros peligros que acechan a unos protagonistas enfrentados a lo desconocido."

«Nada más salir del hotel fui recibido por la brisa fresca y agradable que soplaba desde el mar, y me pareció una invitación a deambular por el paseo, a mezclarme con la gente que transitaba por allí. Así, mi errático caminar acabó conduciéndome hasta la playa. Una playa tan diferente ahora, bañada en una penumbra que desdibujaba los contornos de las cosas y les otorgaba un aspecto irreal. Caminé un buen rato siguiendo la línea espumosa, alejándome cada vez más hacia elsur hasta llegar a la prolongación del paseo, en obras en aquella época. La zona, alejada de los altísimos postes coronados de luminarias, resultaba oscura y se hallaba sembrada de grandes zanjas y construcciones de hormigón sin acabar. Pero la oscuridad no era total: reinaba una débil claridad que procedía de la iluminada fachada del auditorio Alfredo Kraus, situado no lejos de allí. Miré a mi alrededor y llegué a una conclusión obvia: por allí se aventuraba muy poca gente.

[...] Me senté en la arena, muy cerca del agua, y dejé vagar mis sentidos hacia el misterioso y amortiguado romper de las olas en la barra, un arrecife natural que protege esa playa de los intempestivos cambios de humor del océano Atlántico, y que tan sólo deja pasar unas ondas suaves y domesticadas. Quedé ensimismado, presa de esa fascinación que en el ser humano provoca lacontemplación de espectáculos hechizantes como el fuego o el agua emravecida. Fue entonces cuando sentí en mi nuca el húmedo y ardiente aliento de un animal grande. [...]»

28.131378, -15.445082