Plaza de la Feria
Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Plazas, calles y mercados
La Plaza de la Feria continúa fiel al espíritu que alentó su gestación; lugar de concurrencia, de encuentro en el regocijo o en la solidaridad ante los problemas, de algazara y bullicio, de manifiesto ciudadano; antes feria de ganado, de artesanía, de productos agrícolas, ahora de la alegría, de la cultura, de muy diversas expresiones sociales. Ágora amplia, extensa, que, con el discurrir de los años, con el paso de muchas generaciones de vecinos, ha ganado en intimidad, en un aire recoleto que no por ello ahuyenta su impronta cosmopolita, se ofrece hoy como símbolo y monumento de la expansión urbana de Las Palmas de Gran Canaria en la segunda mitad del siglo XIX, cuando cae la muralla norte y comienza a edificarse el populoso barrio de Los Arenales.
Reflejo de esa modernidad es su temprana aparición en el plano que trazó en 1864 el ingeniero Juan de León y Castillo, uno de los impulsores de aquella modernización del diecinueve y cuyo nombre fue el primero que llevó oficialmente, aunque siempre primaría el de Plaza de la Feria que de modo espontáneo le dieron los vecinos de la ciudad por los frecuentes actos de este tipo, y mucho otros que llenaban las diversiones y el recreo de los ciudadanos en aquel lugar, permanentemente dispuesto a ello por ser un espacio amplio y en cierto abandono hasta que en 1909 se la somete a unas importantes obras de remodelación y embellecimiento.
Uno de los hechos más trascendentales de su historia se da en junio de 1899, cuando en la fábrica que se levantó en un solar aledaño a la misma se pone en marcha el suministro para el primer alumbrado público del que disfrutó la ciudad. Fue un día de fiesta grande a niveles oficiales y populares; la propia plaza, convenientemente engalanada e iluminada por la energía que señalaba el nuevo progreso de la humanidad, acogió festejos y bailes que se prolongaron hasta altas horas de la noche. Luego, con el imparable desarrollo urbano, la instalación industrial se trasladó a Guanarteme y en su entorno surgieron señeros edificios que hoy coronan la plaza en sus dos extremos [...]
La plaza, tal como se encuentra en la actualidad, se reinauguró el 4 de enero de 1970, con motivo del 50 aniversario del fallecimiento del más illustre y universal de los escritores isleños, Benito Pérez Galdós; el año anterior y para sustituir la deteriorada escultura de Victorio Macho, el Ayuntamiento había encargado al prestigioso escultor Pablo Serrano la realización de un nuevo monumento. De esta forma no sólo trabaja en una visión del escritor, sino que elige personalmente el lugar para su ubicación, trazando las líneas básicas de la reforma de la plaza con el asesoramiento del arquitecto y paisajista uruguayo Leandro Silva y del arquitecto municipal Enrique Espínola.
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