Quema de herejes y autos de fe
Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1526
Un auto de fe era un acto público organizado por el Tribunal de la Inquisición en el que los condenados abjuraban de sus pecados y mostraban arrepentimiento, sirviendo de lección a todos los allí concentrados. En los casos más graves, los reos eran condenados a muerte por el tribunal eclesiástico y relajados al brazo secular, o sea, entregados a la autoridad civil para que ésta se encargara de la ejecución de la sentencia. En ese caso, los condenados era conducidos a la hoguera, estrangulados previamente si eran penitentes, y quemados vivos si eran impenitentes, es decir, si no se arrepentían.
La Inquisición fue instaurada en Las Palmas de Gran Canaria muy pronto, a finales del siglo XV, aunque no fue hasta 1505 cuando se nombró al primer inquisidor en la persona de Bartolomé López de Tribaldos. Bajo su cometido quedó el control intelectual tanto religioso como político de la ortodoxia católica impuesta por la Corona a la incipiente población de todas las islas. En estos primeros años se consolidaron las bases del tribunal inquisitorial en Canarias: comisarías, investigaciones con visitas a otras islas y el establecimiento de los autos de fe.
En 1524 llegó a Las Palmas desde Sevilla un nuevo y estricto inquisidor, el bachiller Martín Ximénez. Bajo su mandato se realizó por todo el Archipiélago una rigurosa investigación en busca de “pecadores, judaizantes y herejes.” Tales investigaciones dieron como resultado los juicios por herejía más despiadados celebrados en Canarias a lo largo de toda su historia.
En 1526 la ciudad de Las Palmas estaba sufriendo una tremenda epidemia de peste. Tal vez para aplacar la ira de Dios, el 26 de febrero y el 4 de marzo, se celebraron actos de fe en la plaza de Santa Ana, lugar principal de la villa. Fueron condenados a morir en la hoguera siete judaizantes, vecinos en su mayoría de las islas de La Palma y Tenerife. Una vez leídas las sentencias, los condenados fueron entregados al gobernador para que se aplicara el castigo, pena que se hizo efectiva en “la vegueta çerca del monasterio de señor Santodomingo donde después fue huerta”. La hoguera se prendió en presencia de las autoridades “y de mucha gente que fue con ellos”.
Otro auto de fe del que tenemos noticias se efectuó en 1530. Esta vez se quemaron seis estatuas de cartón de otros tantos esclavos huidos a Berbería. Era inquisidor en ese momento Luis de Padilla.
En 1614 fue quemado en persona el holandés de apellido Claysen y al año siguiente sufrió la misma suerte un mercader flamenco, ambos por herejes. Fueron los últimos reos de los 10 que en total fueron llevados a las piras por la Inquisición en Canarias. Se estima que más de 2.300 personas sufrieron persecución en diversos grados por la institución hasta su total abolición en 1820.
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