Terremoto de Lisboa

Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1755

El terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755 ha sido el desastre natural más importante que ha sufrido Europa en época histórica. Produjo miles de decenas de víctimas en Portugal, España y en el norte de África, junto a cuantiosos daños económicos. La capital portuguesa quedó casi borrada del mapa tanto por el temblor como por el posterior maremoto. El epicentro del seísmo fue localizado en el fondo marino a algo más de 200 kilómetros al suroeste del Cabo de San Vicente, donde las placas tectónicas euroasiática y africana colisionaron. El consiguiente tsunami afectó de lleno a las costas atlánticas de la península Ibérica, norte de África, parte del Mediterráneo occidental, Azores, Madeira, e incluso existen referencias de que también se percibió en Brasil y en las Antillas.
Escasas noticias tenemos sobre lo que ocurrió en Canarias a consecuencia de este hecho. Parece evidente que algo tuvo que suceder debido a la cercanía del las islas al lugar del epicentro, pero lo poco que conocemos es que la cosa, por fortuna, no fue para tanto. 
Uno de los lugares del Archipiélago donde más se dejó notar el seísmo fue en la ciudad de Las Palmas. Según un escueto informe firmado por el entonces capitán general de Canarias Juan de Urbina, remitido al ministro de Estado Ricardo Wall, sabemos que “En la isla de Gran Canaria se experimentó igual movimiento del mar y los habitadores de su principal ciudad estuvieron viendo desde los balcones y cercanías de la marina esta repentina hinchazón de las aguas en la misma hora y con el mayor asombro, y mucho más cuando vieron que, retiradas ocho o diez minutos, volvieron con mayor impulso sobre los no tocados límites en la antecedente invasión, repitiéndose hasta tres veces en aquella Isla esta gran novedad, pero sin estrago ni otra circunstancia digna de notarse…”
Los habitantes de Las Palmas vieron con estupefacción la “hinchazón de las aguas” y como el reflujo del gran movimiento oceánico se prolongó durante nada menos que cerca de diez minutos para, a continuación, volver de nuevo el mar adentrarse cada vez más, en tres sucesivas acometidas, en tierra firme. Con todo, no hubo que lamentar ninguna desgracia personal. En cuanto a lo material, parece que la parte más afectada fue la zona baja de la costa cercana a la Isleta, donde: "... se vio entrar el mar e inundar la ermita que allí había de Nuestra Señora de la Luz, y habiéndose retirado como un tiro de pistola dentro de su antiguo límite, descubrió el casco de un navío, de cuyo naufragio no hay memoria, y dejó la ermita llena de pescado". 
En el resto de las islas Canarias las consecuencias fueron, en la mayoría de los casos, muy leves. No hubo que lamentar daños personales en ninguna isla, sólo desperfectos materiales en los litorales bajos orientados al norte; tal fue el caso de unas salinas ubicadas en la costa de Famara, en Lanzarote, que quedaron totalmente arruinadas.

28.14841, -15.426119