Acta del Bufadero

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1464

En 1464, treinta años antes de la fundación de la ciudad, cuando el control del Archipiélago por parte de las potencias europeas no estaba del todo claro, Diego García de Herrera, marido de Inés Peraza, señora feudal (a título nominal) de las Islas, recaló en la desembocadura del barranco del Bufadero con el propósito de tomar posesión de la isla de Tenerife ante los nueve menceyes guaches. Y para que así constara se redactó un documento por parte del escribano público Hernando de Párraga que fue rubricado por el obispo Diego López de Illescas. A este documento se le conoce con el nombre de el Acta del Bufadero.
Con el Acta, Herrera lo que consigue, aparte de tener un papel que constate la propiedad “virtual” sobre Tenerife, es procurarse la amistad de los aborígenes a los que promete protección ante las correrías de los demás visitantes europeos, sobre todo portugueses. Ambas partes, castellanos y guanches, salían ganado por medio de aquellas ceremonias jurídicas que dejaban indiferentes a los indígenas.
El desembarco se realizó el sábado 21 de julio de 1464 en la desembocadura del barranco del Bufadero. Allí, cerca de lo que hoy es María Jiménez, según consta en el documento, se encontraron los nueve menceyes de Tenerife con Diego García de Herrera al que rindieron pleitesía al besar su mano. El jefe europeo, por su parte, procedió a realizar los gestos simbólicos de remover piedras y cortar ramas en señal de respeto y amistad. Sabemos que Herrera llevaban consigo un guanche bautizado, Mateo Alonso, que hizo las funciones de intérprete. 
Los europeos, algún tiempo después, fueron autorizados a construir una torre, a recolectar orchilla, a obtener madera de los bosques cercanos y a otros variados beneficios; los guanches, de manera casi exclusiva los de Anaga, contaron con cierta protección ante incursiones foráneas y se beneficieron en poca medida de nuevos utencilos de metal, algunas telas y baratijas.
De todas formas, las buenas relaciones duraron poco tiempo. Y es que el documento fue más protocolario que otra cosa.
Dado que el original de el Acta del Bufadero se ha perdido, en el Archivo Histórico Provincial de Tenerife se conserva una copia autorizada (traslado protocolizado) del siglo XVI y otra notarial de 1708.

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