Alameda de la Marina

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Plazas, calles y mercados · Año: 1787 · Autores: Andrés Amat de Tortosa

La Alameda fue el primer parque público o espacio verde con el que contó la ciudad de Santa Cruz de Tenerife. Se constituyó como una de las reformas urbanísticas mejor logradas de su tiempo. Aunque la iniciativa de su construcción se debe a Miguel de la Grúa Talamanca, marqués de Branciforte y comandante general de Canarias, fue costeada con las aportaciones de los vecinos más pudientes del lugar.
Fue construida en 1787 bajo los planos del ingeniero militar Andrés Amat de Tortosa en un solar que formaba un ángulo recto con el muelle, en una situación abalconada sobre el mar. Su concepción estuvo inspirada por la idea ilustrada de compaginar urbanismo y naturaleza. En ella se paseaba, se disfrutaba de las brisas del mar y de las vistas del del puerto, y en ocasiones se realizaban conciertos musicales en su interior. 
La Alameda es un recinto de planta rectangular en el que su acceso principal se realiza por medio de un portal de tres arcos que cuenta con escudo de armas, dos inscripciones en lápidas de mármol en donde se describe la fecha y quién la hizo posible, y dos estatuas alegóricas del Verano y la Primavera de factura genovesa. Este frontis queda rematado en sus extremos por sendos jarrones de mármol.
En su interior se desarrollaban tres calles o paseos con el suelo de tierra apisonada y cubiertos de arena, en los que se plantaron dos filas de álamos, sustituidos hacia 1830 por plátanos del Líbano y tamarindos. Abierta a las brisas del este, que son las que más tiempo reinan en el puerto, mantuvo a duras penas su arbolado, ya que la vegetación era dañada por las sales marinas. En el centro del paseo nos encontramos una fuente de mármol de Carrara, con una pileta hexagonal de cuyo interior se eleva un pilar coronado con las figuras de tres delfines unidos por las colas, remate del cual hoy carece.
La Alameda de la Marina fue un oasis de paz y sosiego en un entorno donde la actividad portuaria era lo que predominaba. Sufrió numerosas reformas a lo largo de su historia. En 1915 su portada fue derribada (la que hoy vemos es un réplica de la original), para dar mayor amplitud a la entrada del muelle y a las calles colindantes. Actualmente, en su interior presenta unos laureles de indias de un porte espectacular, pero todo el conjunto ha quedado en un entorno totalmente transformado, lejos del mar sobre el cual se asomaba. 

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