Aluvión de 1826

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1826

Entre el 6 y el 9 de noviembre del año 1826, el archipiélago canario sufrió el embate de uno de los temporales más destructivos de los que se tiene noticia. Santa Cruz de Tenerife, como el resto de las islas, padeció los efectos de lo que parece que fue un enorme ciclón tropical que causó  numerosos destrozos. Fueron 311 las casas destruidas y 1.009 las arruinadas solamente en la ciudad. Los barrancos de Igueste, San Andrés, Bufadero, Valleseco, Tahodio y Santos, junto a otros de menor recorrido, bajaron con una enorme cantidad de agua que lo arrasaron todo a su paso: árboles, animales, casas, con terrenos anegados y arruinados. En la ciudad no hubo que lamentar desgracias personales, pero las pérdidas económicas fueron cuantiosas, llegándose a calcular en 1.860.662 maravedís.
En el puerto se perdieron dos barcos de la carrera a América junto a otros que se encontraban fondeados en la bahía santacrucera que fueron empujados por la fuerza del mar y el viento hacia la costa quedando embarrancados.
Sí que hubo víctimas mortales en el mar. Por un lado, desaparecieron el piloto y dos marineros del bergantín Potomak, de bandera estadounidense, que buscaba el puerto de Santa Cruz. Por otro, se perdió el rastro para siempre del pailebot San Antonio, de matrícula tinerfeña, que había zarpado con destino a La Palma con seis tripulantes a bordo. 
Este temporal de viento y agua atacó con gran virulencia el valle de La Orotava, así como otras localidades del norte de Tenerife y Gran Canaria. Según las crónicas en esas zonas se llevó la vida de casi trescientas personas, cientos de animales y dejó pérdidas por valor de 350.000 libras esterlinas de la época. Solamente en la isla de Tenerife fueron destruidas más de 600 casas particulares. A ello se suman los daños causados en los montes de las islas, en la agricultura, con pérdidas de suelo que pudieron superar el 30 % en algunas áreas, y en cabezas de ganado de todo tipo.
El temporal de noviembre de 1826 ha sido, sin duda, uno de los peores eventos meteorológicos de la historia del Archipiélago. Hay que señalar que una de las pérdidas más sentidas fue la desaparición de la talla original de la Virgen de Candelaria, Patrona de Canarias, de incalculable valor histórico y simbólico, que se se encontraba custodiada en su convento dominico de la villa de Candelaria, arrasado por los golpes de un mar embravecido. 

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