Antigua carnicería

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1736

Desde su fundación, en Santa Cruz se realizaba la matanza de animales en variados lugares (huertas y patios de casonas) para luego vender su carne por distintas zonas de la población. Desde el primer momento se intentó por parte de las autoridades ubicar un lugar fijo para este tipo de prácticas, indicando que el mejor sitio era la margen izquierda de la desembocadura del barranco de Santos, al confiar que las aguas que bajaban o las mareas se llevaran las inmundicias. Fue por este hecho que el litoral de esa zona comenzó a ser conocido como playa de la Carnicería.
La  primera carnicería (lugar de matanza y venta de carne) con la que contó la ciudad se estableció en 1736 en una casa propiedad de la iglesia parroquial, ubicada al borde del mar, en los límites de la pequeña plaza que existía dando al litoral. La iniciativa fue llevada a cabo por el beneficiado  de la iglesia de la Concepción, Ignacio Logman, en consonancia con las nuevas ideas ilustradas de mejoras sanitarias y servicio a la comunidad. Además, los ingresos recavados ayudaron a sostener la parroquia. 
Con los años la edificación se fue deteriorando por su uso y falta de mantenimiento. En 1793 se realizaron unas importantes obras de acondicionamiento y ampliación, lo que llevó consigo la desaparición de la pequeña capilla del Santo Sudario, situada muy próxima. Después de la epidemia de 1810, la situación de la carnicería empeoró por el abandono que sufrió, ya que casi no existía ganado que sacrificar ni carne que vender, por lo que poco tiempo después el establecimiento fue clausurado.
En 1847 se retoma por parte del Ayuntamiento la construcción arruinada. Se reforma totalmente por el arquitecto municipal Oráa, pasando a ser ahora un establecimiento bastante espacioso y [que] reúne todas las buenas condiciones higiénicas necesarias. Estaba formado por una gran sala bien ventilada a orillas del mar, con piso de losa en declive y agua para la limpieza. La capacidad de sacrificio era de dos reses a la vez. Disponía de corral y un despacho de carne con cinco mesas de mármol. La matanza la presenciaba un médico, obligado a reconocer las carnes siempre que se presente motivo de duda.
Ya por esta época el establecimiento funcionaba más como matadero que como despacho de carne, transacción que se comenzaba a realizar en los puestos de la recova.
En 1909, cuando ya hacía tiempo que el edificio se había quedado pequeño, el ayuntamiento lo cedió junto a los terrenos adyacentes para la ampliación de la fábrica de la Compañía Eléctrica. Entonces se instaló otro nuevo matadero en la zona de Los Llanos, al sur de la ciudad, muy creca de la ermita de Regla. 

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