Antiguos canales de agua
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1708
Hasta comienzos del siglo XVIII la población de Santa Cruz sólo contaba para su uso y subsistencia con el agua que corría por los barrancos, la que se extraía por medio de norias y pozos o la recogida de la lluvia por los aljibes de las huertas y patios de casas particulares. Poca cantidad para una población en crecimiento.
Por ello, en 1706 el comandante general Agustín de Robles ordenó la conducción de agua desde los nacientes de Monte Aguirre, en Anaga, hasta la ciudad. Esto se llevó a cabo por medio de la construcción de un complicado sistema de canales de madera, llamados arcaduces, instalados en altura sobre el terreno por medio de pivotes para así salvar las desigualdades orográficas y evitar, además, que el ganado abrevase en ellos. Los trabajos quedaron finalizados en enero de 1708.
Estas “canales altas”, en accidentado recorrido, llegaban ya a nivel del suelo al primer punto de distribución de la ciudad, al que se denominó Canales Bajas, hoy calle Doctor Guigou. Desde aquí, el agua se distribuía para el riego de huertas y fincas de El Toscal y por medio de atarjeas discurría por el trazado de la actual calle del Pilar hasta la huerta del convento franciscano, para tomar desde ahí la actual calle Suárez Guerra, luego tomar la del Barranquillo (Imeldo Serís), hasta llegar a la Casa del Agua, cerca de donde se hallaba el convento de Santo Domingo (hoy Teatro Guimerá). Allí existía un depósito que surtía a la huerta de los frailes. Desde este punto, el canal seguía el curso del barranquillo del Aceite, continuando hasta la plaza principal, donde se encontraba la fuente de La Pila. Entonces la conducción proseguía en bajada hasta el castillo de San Cristóbal. En total, esta rudimentaria red de distribución tenía una longitud aproximada de 12 kilómetros desde los altos Monte Aguirre hasta el centro de la ciudad.
El agua fue gratuita para todos los habitantes del lugar, no así para los navíos que se abastecían en el puerto, cuyo gravamen se destinó al mantenimiento y eventuales reparos de los canales, labor de la que se encargó un "alcalde del agua", nombrado por la autoridad militar.
En 1776 se practicó una reforma de la canalización. Los antiguos conductos de madera fueron sustituidos, desde la entrada en la zona urbana hasta las fuentes públicas, por tubos de barro cocido enterrados en el suelo o protegidos por atarjeas de mampostería. Los trabajos de esta reforma finalizaron en enero de 1783.
Este sistema de distribución, con mejoras, funcionó a lo largo de todo el siglo XIX, hasta que en 1916 se inauguraría la primera red de distribución de suministro de agua a presión desde el depósito regulador ubicado en los altos del barrio de Salamanca y desde donde poco a poco se iría suministrando agua a presión por medio de tuberías metálicas.
28.473875, -16.252632