Ataque de Horatio Nelson. Gesta del 25 de julio de 1797
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos · Año: 1797
Toda ciudad cuenta con un suceso, hecho, personaje o privilegio que la enorgullece. En el caso de Santa Cruz, la victoria ante el ataque de la flota inglesa comandada por Nelson a la ciudad en julio de 1797, constituye el pasaje de su historia más recordado y ensalzado.
Desde 1796 la España borbónica estaba aliada con la Francia revolucionaria, comprometiéndose ambas partes a solicitar apoyo mutuo en caso de ser atacadas por otra potencia. Ante esta situación, Inglaterra, viéndose amanezada en sus intereses, procedió al embargo de todos los buques españoles anclados en puertos británicos. España respondió declarando la guerra a Gran Bretaña. En febrero de 1797 la marina inglesa destrozó la flota española en las cercanías del cabo de San Vicente, en la punta sur de Portugal, sometiendo a continuación a un formidable asedio a la ciudad de Cádiz. Tras meses de bloqueo, Nelson propuso a su superior, el almirante Jervis, acercarse a Santa Cruz en donde, según sus informaciones, permanecían fondeados dos navíos procedentes de Manila. El objetivo era conseguir un buen botín, además de dar un sorpresivo golpe de mano y tomar al asalto el principal puerto tinerfeño.
Nelson partió de la bahía de Cádiz el 15 de julio por la tarde hacia Tenerife con una escuadra formada por ocho buques de guerra y una bombarda española que acababan de capturar. En total contaba con 393 cañones, mandados por una oficialidad que pertenecía a una élite de colaboradores del propio Nelson, que más tarde se distinguieron y ocuparon importantes cargos en la marina inglesa. Sin embargo, en la empresa que estaban a punto de afrontar, los ingleses no tuvieron en cuenta la disposición defensiva de los isleños, la gran experiencia militar del comandante general de Canarias, Antonio Gutiérrez, y sobre todo les faltó un conocimiento detallado del terreno a conquistar, lo que a la postre les fue fatal.
La escuadra llegó a la punta de Anaga en la noche del 21 al 22 julio, sin que su presencia hubiese sido señalada por los vígías de las atalayas costeras. El primer desembarco fue efectuado no sin grandes dificultades por el estado del mar, en la desembocadura del barranco del Bufadero. Cuando las tropas inglesas al mando del capitán Toubridge consiguieron poner pie en tierra ya estaba amaneciendo, perdiendo el factor sorpresa al ser descubiertos. Inmediatamente cundió la alarma en Santa Cruz. El plan de los ingleses consistía en avanzar hacia la cima de la montaña de Paso Alto y atacar desde allí el castillo del mismo nombre que defendía la rada por el Norte, dejando paso libre al resto de la flota hacia el centro de la población. Además, tenían intención de destruir las atarjeas de madera que abastecían de agua la ciudad. Pero para llegar a la Altura de Paso Alto era necesario primero salvar el barranco de Valleseco. Evidentemente, los ingleses no estaban muy bien informados de la topografía del lugar. Rápidamente La Altura fue tomada por un destacamento de tropas defensoras que se anticiparon a los invasores. Para mayor seguridad, el general Gutiérrez ordenó a un segundo grupo de milicianos y civiles isleños dar la vuelta por las cumbres de Anaga hasta llegar a la parte superior de los barrancos e impedir una eventual penetración por ese flanco. Ambos movimientos bloquearon a los ingleses en la meseta del Ramonal, en lo alto de la montaña de La Jurada, viendo cómo los españoles conseguían situarse en los puntos más adecuados para la defensa. Hubo intercambio de disparos, con el resultado de tres ingleses muertos. Al anochecer, Toubridge, ante la imposibilidad de avanzar, ordenó retirada y sus tropas fueron reembarcadas, volviendo a la flota anclada, fuera del alcance de la artillería costera.
Al día siguiente, 23 de julio, tras el fracaso del Bufadero, la escuadra inglesa se dirigió hacia el sur, lo que hizo temer un posible ataque a la altura de Candelaria. Esa noche se formó en Santa Cruz una Junta de Abastos y rondas de vigilancia encargadas además de remitir documentos y objetos de valor hacia La Laguna. Asimismo, se improvisaron hospitales de campaña y puestos para el abastecimiento de la tropa.
El 24 de julio por la mañana, los barcos ingleses se ubicaron frente a Santa Cruz e intentaron engañar a los isleños fondeando de nuevo su escuadra frente al Bufadero, amagando un nuevo desembarco por allí. La estratagema no dio resultado, a pesar de que una fragata y una bombarda estuvieron disparando sobre el castillo de Paso Alto durante bastante tiempo sin causar grandes daños.
Hacia la una y media de la madrugada del 25 de julio, amparados en la oscuridad y con trapos en los remos para no hacer ruido, una treintena de lanchas y el cúter Fox transportaron sigilosamente a unos 900 ingleses totalmente pertrechados con la intención de efectuar un ataque directo al muelle. Una fragata de la Compañía de Filipinas fondeada dio la señal de alarma cuando los invasores estaban ya muy cerca. Un grupo de ingleses logró llegar a la punta del muelle y desembarcar en él, pero rápidamente fueron rechazados por el fuego de los defensores. Allí murió el capitán Bowen, jefe del grupo de ingleses que había puesto pie en el muelle. Nelson, que viajaba en una de las lanchas, cuando estaba a punto de tomar tierra fue alcanzado en el brazo derecho que poco después perdería, tras ser trasladado de urgencia a su buque insignia, el Theseus.
Un segundo grupo de lanchas fue arrastrado por la corriente hacia el sur, a la altura de la playa de la Caleta por donde saltaron a tierra. Desde allí, al mando del capitán Toubridge, se dirigieron al castillo de San Cristóbal. Al llegar a la plaza del Castillo el tiroteo los obligó a retroceder. De nuevo hubo otro intento de llegar hasta la plaza pero esta vez por su parte superior, dando un rodeo por las calles de la Caleta, Sol y Las Tiendas. Allí el grupo de ingleses apresó un puesto de abastos y encomendó al diputado Antonio Power, que hablaba perfectamente inglés, llevar al comandante general una carta conminándole a la rendición; exigencia que fue totalmente rechazada.
Un tercer grupo de ingleses compuesto por 260 hombres al mando del capitán Hood, desembarcó más al sur, en la playa de La Carnicería, en la desembocadura del barranco de Santos. Tras una escaramuza con el batallón de Canarias, se dirigieron hacia el interior de la ciudad subiendo por la calle de la Noria, hasta el convento de Santo Domingo (en el solar que hoy ocupa el Teatro Guimerá). Allí se unió al grupo de Toubridge y ocuparon el convento, quedando rodeados por fuerzas isleñas. Al mismo tiempo hubo un nuevo intento de desembarco con el objetivo de socorrer a estas tropas que ahora estaban sitiadas, pero fue rechazado por la artillería costera.
Toubridge, viéndose acorralado en el interior del convento, procuró de nuevo engañar al comandante general Gutiérrez, enviándole con frailes mensajes en los que le proponía que se marcharían si se le entregaban las riquezas de Filipinas. En realidad, la batalla estaba totalmente perdida desde hacía horas para los ingleses. El capitán Hood, acompañado por un soldado con bandera blanca, fue recibido por el coronel isleño Creagh, sargento mayor de la plaza y por el capitán Madan, firmando las condiciones de la rendición de las tropas inglesas en el castillo de San Cristóbal. Era el amanecer del 25 de julio de 1797.
Quedó establecido que los ingleses podían retirarse con sus armas y embarcar hacia sus barcos. Los prisioneros se devolverían por ambas partes. Los ingleses se comprometían a no molestar en lo más mínimo a la ciudad ni cualquier otra isla del archipiélago. Los soldados ingleses formaron filas y desfilaron con sus armas por la plaza del Castillo (hoy de La Candelaria) entre dos hileras de milicias canarias y de curiosos que miraban orgullosos el espectáculo. Embarcaron por el muelle en botes que pusieron a sus disposición, llevando con ellos los cadáveres de los compañeros que habían sido amontonados en el extremo del muelle. Los heridos fueron tratados en los hospitales de la ciudad antes de ser embarcados al día siguiente. Al ser informado de la generosidad con que había obrado el general Gutiérrez, Nelson mandó escribir una carta, la primera que firmó con la mano izquierda, para agradecerle sus atenciones y humanidad, enviándole además como regalo un queso inglés y un barril de cerveza. El militar español le contestó cortésmente, correspondiendo con algo de vino del país.
Al atardecer del jueves 27 de julio de 1797, la flota inglesa partía definitivamente de la bahía de Santa Cruz. El propio Nelson se comprometió a llevar a Cádiz un parte destinado al rey de España con la noticia de su derrota.
Este importante hecho histórico permitió a Santa Cruz obtener el título de "Muy Leal, Noble e Invicta Villa, Puerto y Plaza". A pesar de ser una concesión honorífica, este título dio a la ciudad un prestigio del cual todavía hoy alardea. Fue el mayor triunfo bélico de su historia; y nada menos que se produjo ante la más temida fuerza naval de ese momento en el mundo: la armada británica. Por este hecho la ciudad obtuvo su tercera cabeza de león que hoy en día luce en su escudo.
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