Ataque de John Jennings
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos · Año: 1706
El rechazo al ataque de la flota inglesa comandada por el contralmirante John Jennings ocurrido en noviembre de 1706, supuso para Santa Cruz un hecho de extraordinaria relevancia en su devenir histórico.
El asalto de Jennings a Santa Cruz de Tenerife debe enmarcarse dentro de una larga conflagración que asoló a Europa durante más de doce años a comienzos del siglo XVIII, y que es conocida como guerra de Sucesión española. Inglaterra, aliada con las pretensiones austriacas de sentar en el trono español al archiduque Carlos, se enfrentaba tanto al poder colonial español, como a Francia, su mayor enemigo de entonces, que había logrado instaurar en España una nueva dinastía, la de los Borbones en la figura de Felipe V.
El contralmirante John Jennings había tomado parte ya en varias acciones navales en este conflicto: combate en la ría de Vigo en 1702, la toma de Gibraltar en 1704 y varias batallas más en el Mediterráneo. Estaba adscrito a la armada de su superior, el almirante Leake, con la que había participado en la primavera de 1706 en una acción contra Barcelona. Después, Leake permaneció en agua de las Baleares, mientras Jennings, siguiendo órdenes de su jefe, se dirigió a Canarias con el objeto de dar un golpe de mano en las islas.
Jennings se presentó en la punta de Anaga al atardecer del día 5 de noviembre de 1706 con una escuadra de 13 navíos y una artillería total de más de 800 cañones. Inmediatamente los vigías apostados en las cumbres dieron la señal de alarma a Santa Cruz, en donde con urgencia se concentraron tropas y se pusieron en estado de alerta tanto los castillos como las baterías costeras. En esos momentos el capitán general de Canarias, Agustín de Robles, se hallaba en Gran Canaria resolviendo asuntos en la Audiencia, por lo que el mando en Tenerife fue tomado por el corregidor y capitán José de Ayala y Rojas.
Al amanecer del día siguiente, la armada inglesa estaba situada frente a Santa Cruz, pero fuera del alcance de las baterías. Los asaltantes enarbolaron primero banderas francesas, luego suecas, y más tarde paños azules, que era la insignia propia de su división, sembrando el desconcierto y las suspicacias en las fuerzas defensoras. Desde el castillo de San Cristóbal se disparó un tiro de admonición, y acto seguido los ingleses echaron al agua desde sus barcos 37 lanchas con gente para el desembarco. Fue entonces cuando se abrió fuego desde todas las baterías de la costa contra la oleada de embarcaciones que se acercaban. Ante la lluvia de fuego que les caía encima, las barcazas iniciaron la retirada hacia sus buques nodrizas, desde los cuales ya se estaba bombardeando la costa sin hacer mucho daño. Después de dos horas de cañoneo el fuego cesó. Jennings quiso parlamentar enviando a tierra una barca con bandera blanca y unos emisarios que portaban una carta de su puño y letra, en donde comunicaba que lo que venía buscando por estos lares era una escuadra de enemigos franceses; añadía que sin orden suya se había abierto fuego contra el lugar y que la guerra, tanto en Europa como en España, la estaba ganando el pretendiente Carlos, por lo que era inminente el desalojo de los Borbones del país. Además, indicó que todos los pueblos y personas que se sometieran voluntariamente al que él consideraba soberano legítimo, no sufrirían ningún daño y los militares y autoridades serían mantenidos en sus empleos. Al día siguiente, tras una tensa noche, se le contestó desde el castillo de San Cristóbal con otra carta de respuesta, en la que el corregidor le aseguraba, entre otras cosas, que tenía noticias diferentes en cuanto al curso de la guerra y que tanto en la plaza como en el resto de las islas se tenía como legítimo rey a Fellipe V, del que se reconocía fiel servidor.
Tras recibir la respuesta, Jennings se mantuvo enfrente de Santa Cruz durante todo ese día. Tras comprobar que la ciudad estaba ampliamente artillada y bien defendida, al oscurecer de ese 7 de noviembre de 1706, zarpó rumbo Norte, para alivio de toda la población.
Enterado Felipe V del valiente comportamiento de los isleños, mandó expresar su satisfacción mediante misiva de 28 de diciembre, en la que expresaba su agradecimiento por la heroica y valiente actitud de los tinerfeños.
Este hecho defensivo supuso la incorporación al escudo de la ciudad de la segunda cabeza de león de las tres con las que cuenta. La primera se había ganado casi cincuenta años antes en el enfrentamiento contra el almirante Blake. Para la tercera habría que esperar casi un siglo a la llegada de Nelson.
28.464518, -16.243281