Atentado a Franco
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos · Año: 1936
Durante los algo más de cuatro meses (del 13 de marzo al 16 de julio de 1936) que Franco estuvo en Santa Cruz de Tenerife como Capitán General de Canarias, se ha rumoreado, sin pruebas convincentes, que el futuro caudillo de España y dictador durante cuarenta años, fue objeto de un intento de atentado mortal.
Sobre este supuesto hecho hay tres versiones que no han sido demostradas documentalmente. La primera está recogida en el libro Crónica de vencidos, del investigador Ricardo García Luis, en la que se nos presenta el testimonio de Antonio Tejera Alonso, conocido como Antoñé, que al parecer fue uno de los tres anarquistas participantes en los hechos. Su relato se nos presenta confuso e inconcluso. El segundo testimonio lo encontramos escrito por el periodista local Víctor Zurita, en una obra suya de 1937; y el último, viene recogido en Mi vida junto a Franco de Francisco Franco Salgado-Araujo, primo carnal del general. En estos dos últimos libros tampoco se aportan pruebas suficientes que nos demuestren la veracidad de los hechos.
En líneas generales, las tres versiones cuentan que la intentona para asesinar a Franco se llevó a cabo la noche del 14 de julio (Zurita lo fecha el 13), cuando tres miembros de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) quisieron tirotearlo en su propia estancia privada del edificio de Capitanía, tras acceder a ese lugar desde la azotea del local contiguo. Allí existía, con entrada desde la Rambla de Pulido, una cantina regentada por la anarquista catalana María Culi Calou, más conocida entre sus camaradas como Maruca, enlace que permitió el acceso al edificio a los tres anarquistas. Según el testimonio del propio Antoñé, cuando llegaron a la azotea de la cantina se dirigieron al corredor que había encima del jardín de la Comandancia Militar y lo recorrieron hacia la puerta que daba a la habitación de Franco. Una vez frente a ella, la encontraron cerrada e intentaron abrirla por la fuerza. El general, alertado por el ruido, comenzó a pedir auxilio, por lo que los anarquistas tuvieron que retirarse por donde mismo habían venido en medio de un tiroteo. Los otros dos escritos narran los hechos de otra forma: cuando los asaltantes estaban escalando la tapia del jardín para llegar por él al pabellón central, donde se hallaban las habitaciones de Franco, fueron sorprendidos por los centinelas, lo que provocó la huida de los pistoleros que se adentraron por las calles recién abiertas de aquel sector de la ciudad que se estaba urbanizando en ese momento.
Todos estos hechos están por demostrar; faltan pruebas documentales fiables que los avalen, por lo que muy pocos historiadores se han hecho eco del suceso. De haber sido cierta la conjura y haber terminado con éxito, la Historia de España contemporánea hubiera sido otra muy distinta.
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