Aurora boreal

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1770

Una aurora boreal es un maravilloso espectáculo celeste lleno de luz y de color que se produce por la noche cuando partículas cargadas de energía originadas en el Sol, viento solar, alcanzan la atmósfera de nuestro planeta, acelerándose y dirigiéndose hacia los polos debido al campo magnético terrestre. Ahí, a mucha altura, los electrones chocan con las moléculas de oxígeno y nitrógeno, aumentando enormemente su energía y emitiendo en este proceso una luz brillante y ondulante, similar a las luces fluorescentes o de neón de los anuncios. El fenómeno es conocido en el hemisferio norte con el nombre de aurora boreal; en el sur, aurora austral. 
Las posibilidades de ver auroras boreales en los cielos de Canarias son muy escasas por la baja latitud del Archipiélago; aún así, hay científicos que hablan de que el fenómeno ocasionalmente y de manera infrecuente podría presentarse en los cielos de nuestras islas cuando la actividad solar es lo suficientemente intensa.
Y lo debió de ser en el invierno de 1770 cuando conocemos del avistamiento de la aurora boreal más espectacular vista en Canarias de la que tenemos noticias. Se produjo exactamente la noche del 18 de enero de 1770 cuando sobre el cielo de las montañas de Anaga y visible tanto desde Santa Cruz como desde La Laguna, se vio tras caer la noche una enorme luz rojiza sin apenas movimientos que duró varias horas. Las autoridades, en un primer momento, pensaron que lo que veían era  consecuencia de algún incendio en los montes de la zona, por lo que llegaron a  mandar cuadrillas de inspección a la punta de Anaga a ver lo que allí estaba pasando.
Algunos ilustrados del momento, de manera inmediata, se dieron cuenta de lo que ocurría y tanto José de Viera y Clavijo, en un escrito que se custodia en el Museo Canario de Las Palmas, como el regidor y escritor lagunero Lope Antonio de la Guerra en sus memorias, dejaron constancia de lo que vieron en el despejado cielo de Anaga aquella fría noche de enero de 1770.
De la Guerra lo describe de la siguiente manera:

28.564081, -16.160995