Casa Forstall

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: S. XVIII

La familia Forstall llegó a Santa Cruz a mediados del siglo XVIII desde su Irlanda natal. Tanto Francisco, como su primo Patricio y el hijo del primero, Pedro, alcanzaron una destacada posición económica gracias principalmente al negocio de exportación de orchilla y a la creación de una boyante empresa de fletes de barcos.
Estos mercaderes, negociantes y navieros, devotos católicos que contribuyeron a adecentar tanto la capilla de la Orden Tercera como la cúpula de la torre del convento franciscano, compraron, como vivienda y despacho para su negocio, una antigua casona situada en la calle de la Marina, a la que fueron agrandando y adecuando según sus necesidades, hasta llegar a convertirla en una de las principales de la fachada marítima de Santa Cruz.
La casa Forstall era una edificación alta y sobrada, de tres pisos abalconados sobre la bahía. La fachada contaba con un vistoso balcón canario cerrado de pronunciados perfiles y de muy bonita factura, desde donde se pudo contemplar, en primera línea de fuego, el fallido intento de desembarco y toma del muelle santacrucero por parte de las tropas de Nelson en 1797.
El espacio interior de la casa ocupaba toda la manzana, desde la calle de la Marina hasta la de San Francisco. A lo largo de los cien metros de profundidad, la edificación se estructuraba mediante tres patios transitables. El más cercano a la calle San Francisco sirvió como taller de reparación y confección de velas para embarcaciones; el patio de en medio y principal, de catorce por ocho metros, presentaba cuatro columnas de tea con zapatas que soportaban una hermosa galería alta situada en la tercera planta con cojinetes, balaustres torneados y celosía por detrás, que recorría los cuatro lados. Este magnífico patio tradicional canario contaba con una magnífica escalera.
La casa albergó, además, una pequeña capilla consagrada en uno de sus espacios interiores. 
El alero del tejado, con las cabezas de las vigas talladas y voladizas, dotaba al edificio de una gran armonía. Por encima de los tres pisos, un hermoso mirador dominaba el embarcadero de la cuidad. 
A lo largo del tiempo, la construcción fue pasando de manos hasta que 1848 sufrió un grave incendio; pero no fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando lamentablemente desapareció, tras el plan de ordenación de toda la calle de la Marina.

28.468452, -16.247995