Convento dominico de la Consolación
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1620
El antiguo convento de los frailes dominicos de la Consolación, también conocido como convento de Santo Domingo, ocupaba el solar donde hoy se levantan dos importantes edificios del Santa Cruz actual: el Teatro Guimerá y el Centro de Arte La Recova.
Los dominicos fueron la primera orden religiosa que se estableció de manera permanente en Santa Cruz. Los frailes se preocuparon en buscar un lugar donde pernoctar en el puerto santacrucero, dados sus continuos desplazamientos desde su residencia en La Laguna hasta la sede catedralicia de Las Palmas de Gran Canaria. Escogieron, en un primer momento, la pequeña ermita de La Consolación, situada en las afueras de la población desde 1574, cuando fue instalada ahí tras el derrumbe de la original, situada desde los primeros momentos de la conquista en el solar que luego ocuparía el castillo de San Cristóbal.
En 1610, el vicario de la orden solicitó la fundación de un convento en Santa Cruz. Diez años más tarde se concluyeron las obras de la capilla mayor de la iglesia, que poco a poco se fue agrandando a base de añadirle capillas desde su cabecera hasta los pies. El templo llegó a tener dos amplias naves con seis capillas, contando con algunos majestuosos retablos, destacando el dorado del siglo XVII que hoy se conserva en la capilla del Carmen de la iglesia de San Francisco.
Por lo que respecta a las dependencias del convento, éste se levantaba en dos plantas. La fachada principal contaba con un gran balcón de madera a la manera canaria y se separaba de la iglesia por un paramento de piedra sobre el que se elevaba el campanario. En el interior, el recinto contaba con un amplio claustro y una gran huerta trasera.
El convento de Santo Domingo o de la Consolación fue un lugar de relevancia en el Santa Cruz de los siglos XVII y XVIII. En su interior se refugiaron las tropas inglesas de Nelson tras su desembarco en la ciudad y de ahí salieron para firmar su capitulación en el castillo de San Cristóbal.
A principios de 1837, tras la desamortización, todo el conjunto religioso de Santo Domingo pasó a ser propiedad municipal. En 1849 se derribó el convento y, al año siguiente, la iglesia. Quedaba un enorme solar libre para poder levantar en él dos edificaciones significativas para el bien público: el teatro y el mercado municipal.
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