El puerto
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Arquitectura industrial · Año: Siglo XVI
El puerto de Santa Cruz de Tenerife ha dotado a la ciudad de una función importantísima en su devenir histórico al constituirse, hasta hace relativamente poco tiempo, en el principal punto de enlace con el exterior. Desde sus comienzos Santa Cruz se erigió como lugar de entrada y salida. Los conquistadores castellanos eligieron sus costas para realizar su penetración hacia el interior; más tarde el embarcadero de Santa Cruz se convirtió en el acceso más conveniente para la comunicación con la principal ciudad de la isla: La Laguna. En el siglo XVIII el puerto de Santa Cruz pasó de ser un lugar de paso hacia el interior a convertirse en un centro de importantes transacciones comerciales; para luego, ya en los siglos posteriores, erigirse definitivamente en el principal eje económico no sólo de la ciudad sino de toda la isla.
Los primeros trabajos para la realización de un muelle en Santa Cruz se realizaron en 1513 en la playa de La Carnicería, situada al norte de la desembocadura del barranco de Santos, lugar que ya era utilizado por los pescadores como varadero y punto de descarga para sus capturas. Pero su mala ubicación produjo que cada poco los embates del mar arruinaran cualquier mejora que se pudiera realizar. En los primeros años del siglo XVII se propuso la construcción de un desembarcadero en otro lugar que fuera más propicio. Se designó entonces la Caleta de Blas Díaz, abrigada por un saliente sobre el que se excavaron unos escalones para facilitar el acceso de personas y mercancías. Con grandes dificultades el muelle de la Caleta prestó servicio durante más de un siglo y medio, a pesar de que su fábrica no ofrecía muchas garantías y estaba inmerso en un litoral ingrato.
El establecimiento definitivo de los comandantes militares en Santa Cruz a comienzos del siglo XVIII dio un impulso importante a las sucesivas mejoras en el muelle. Ahora se contaba con el aporte técnico de ingenieros militares que de inmediato sugirieron un cambio de lugar del muelle, ya que el de Caleta, ahora llamada de la Aduana, no tenía el suficiente calado para resguardar a los buques. En 1729 se propuso la construcción de un dique que partiera desde la laja de San Cristóbal, en frente del castillo del mismo nombre. Durante casi todo ese siglo, de forma intermitente, se estuvo trabajando en este nuevo muelle, quedando definitivamente concluido en 1787, bajo la supervisión del ingeniero militar Andrés Amat de Tortosa. Esta modesta infraestructura se componía de un amplio y sólido espigón perpendicular a la costa, rematado por un martillo en forma de media luna que daba abrigo a unas escaleras entrelazadas que facilitaban el desembarque. Además, se le dotó de una conducción de agua para el abasto de los buques, construyéndose un edificio para los oficiales del muelle. Por último, se pavimentó su acceso con el objeto de facilitar el tráfico rodado.
En el siglo XIX la situación estratégica de las Islas Canarias dentro de las rutas marítimas internacionales produjo que las potencias europeas con intereses coloniales utilizaran nuestros puertos como parada en sus caminos hacia sus posesiones de ultramar. El puerto de Santa Cruz se convirtió en un importante punto de abastecimiento, instalándose en él compañías europeas para el mejor control de sus intereses. A medida que el siglo avanzaba el muelle iba quedado mermado en su capacidad para acoger el importante aumento del tráfico internacional.
En 1847, bajo la dirección del técnico de obras públicas Pedro Maffiotte, se comenzó la elaboración de un nuevo dique mucho más seguro. Se utilizó un innovador procedimiento de prismas cortados para la elaboración de la escollera. Ese mismo año llega a Tenerife Francisco Clavijo, primer ingeniero titulado en Caminos, Canales y Puertos, quien propone realizar la construcción de fuertes diques para le defensa del oleaje y las corrientes, además de áreas de abrigo, de embarque y desembarque tanto de pasajeros como de mercancías, espacios para almacenes, centros de contratación mercantil y otros servicios propios de un puerto moderno. También se propuso alargar el viejo muelle en dos tramos, el primero en dirección noreste de unos 75 metros de longitud que fue terminado en 1863, y el segundo, con una longitud de 152 metros de dirección norte, formando un codo con el anterior. Los trabajos avanzaron de forma constante durante los últimos años del siglo XIX gracias, por un lado, a la localización de canteras (primero en Paso Alto y más tarde en La Jurada) de donde extraer el material necesario; por otro, al traslado de dicho material por medio de una línea férrea (locomotora "Añaza"); y, por último, al uso de potentes grúas ("Titán") para su colocación en el mar. Un nuevo impulso fue la creación en 1907 de la Junta de Obras del Puerto. En 1911 se realizó una prolongación del dique exterior, a la vez que se elaboró un nuevo rompeolas que hoy conocemos como Muelle Norte, bajo la dirección técnica de los ingenieros Prudencio Guadalfaguara, primero, y Pedro Matos después.
El concepto del puerto tal como hoy lo conocemos surge de los planos elaborados por Miguel Pintor en 1951, en los que se diseña la creación de los muelles de ribera (1951-1982), desapareciendo el litoral original de Santa Cruz en beneficio de la obtención de una mayor línea de atraque; el muelle de La Hondura (1964), para el tráfico de la refinería; dársena pesquera (años setenta) para embarcaciones menores dedicadas a la pesca; y el dique del Este (1965-1983). En la década de los ochenta se acometió la dársena de Los Llanos (dique Sur), y más recientemente el muelle del Bufadero para uso exclusivo de mercancías y contenedores.
En definitiva, el puerto actual de Santa Cruz de Tenerife ocupa 11 kilómetros de costa, lo que provoca que la ciudad casi no tenga salida al mar. Hace unos pocos años tanto la Autoridad Portuaria como el Ayuntamiento acordaron que la fachada marítima fuera una zona en la que se pudieran combinar tanto los servicios portuarios como el disfrute de la ciudadanía. Para ello se están acometiendo nuevas obras y proyectos que posibiliten la recuperación de espacio para uso público, sin desatender el importante papel económico del puerto.
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