Escuela Náutica

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Arquitectura civil · Año: 1968 · Autores: José López Zanón, Luis Laorga

En una ciudad tan ligada al mar como Santa Cruz siempre se ha tenido un especial interés por la ciencias relacionadas con el mundo marinero.
Los primeros pilotos canarios se instruyeron en la escuela de mareantes de San Telmo de Sevilla. Tomé Cano (Garachico, 1545-Sevilla, 1618) fue el primer tinerfeño titulado como piloto de la carrera de Indias en 1569. Durante el siglo XVIII, ante la importancia que el puerto de Santa Cruz había adquirido, se hizo evidente la necesidad de contar con un centro donde se pudieran formar los futuros pilotos. El primer promotor de esta iniciativa fue Lázaro Álvarez de Abreu, quien comunicó al Cabildo en 1757 que "tenía una casa fabricada en el lugar de Santa Cruz con el designio de dedicarla a cátedra de matemáticas, siempre que se puedan arbitrar fondos que la sostengan para enseñanza de mariantes". Años más tarde, en 1786, se creó el Consulado Marítimo de Canarias, estableciéndose la Escuela de Náutica en La Laguna.
A comienzos del siglo XIX esta Escuela fue trasladada a Santa Cruz, ubicándose en el desamortizado convento de San Francisco. Un siglo más tarde, ya en los primeros años del XX, las clases de Náutica, junto con las de Comercio, se impartían en la actual sede del Ayuntamiento, pero a partir de 1920 pasaron al edificio de Villasegura, en la avenida 25 de Julio.
En 1936, la Corporación Municipal, a instancias del director de la Escuela de Náutica, Benito Pérez Armas, aprobó la construcción de un nuevo edificio a construir al borde del mar, junto a la ermita de San Telmo, patrono de los marinos. Seis años más tarde, las enseñanzas adquirían el rango de técnicos de grado medio. Por fin, en 1968, la Escuela de Náutica se trasladó a la Avenida de Anaga, lugar donde hoy se encuentra.
El actual edificio fue proyectado 1963 por el arquitecto José López Zanón con la colaboración de Luis Laorga. Sobre un solar trapezoidal frente al mar, los técnicos propusieron una solución de cuatro volúmenes. Tres de ellos, de alturas semejantes, fueron destinados para aulas y oficinas administrativas, organizados a base de pórticos metálicos y forjados de hormigón. Un cuarto volumen, de altura más baja, fue destinado a albergar talleres y almacenes. El conjunto se remata por medio de una torre con dos juegos de terrazas que nos evoca el puente de mando de un buque.
El edificio en su interior cuenta con dos esculturas del artista lanzaroteño César Manrique: una titulada Anatomía de un barco, ubicada en el salón de actos; y otra, de nombre Máquina para la mar, situada en la cafetería-restaurante.  
En 1991, el Centro fue reconocido como de Enseñanza Técnico Superior, integrándose en la organización de la Universidad de La Laguna, con el nombre de Centro Superior de Náutica y Estudios del Mar.

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