Faro de Anaga
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Arquitectura civil · Año: 1863 · Autores: Francisco Clavijo y Plo
El de Anaga es el faro aislado más antiguo de los edificados en Canarias y fue la segunda señal marítima que entró en funcionamiento en el Archipiélago, nueve meses después de la inauguración de la Farola del Mar del Puerto de Santa Cruz de Tenerife. Su ubicación todavía hoy nos sorprende por su aislamiento y por el paisaje que lo rodea, en los confines del Parque Rural de Anaga, en el extremo noreste de la isla de Tenerife.
El faro surgió del Primer Plan para el Alumbrado Marítimo de las Islas Canarias, aprobado en 1857. En este documento se propuso la instalación en los acantilados de Anaga de un faro de primer orden, esto es, de gran alcance, que sirviera de referencia a la navegación marítima en sus derrotas desde el Norte en aproximación a las Islas.
El proyecto de torre, edificio y muelle para su suministro fue elaborado por el ingeniero Francisco Clavijo en el verano de 1860. Los trabajos comenzaron justo un año después, quedando finalizados en el otoño de 1863. El aparato que se adquirió para lo alto de su torre fue fabricado por la casa francesa Lapaute. Contaba con 932 milímetros de distancia focal y giraba sobre un carro circular de tejos movido por una maquinaria de relojería de peso, todo alimentado por aceite de oliva. Su primera luz fue emitida por un lámpara de la casa Degrand que irradiaba una apariencia blanca centelleante cada tres segundos abarcando un sector de 270º del horizonte y con un alcance de 35 millas náuticas en condiciones normales de la atmósfera. El faro se inauguró la noche del 15 de septiembre de 1864.
El edificio se articula en una sola planta con un patio central que distribuye las estancias. En el exterior se nos presenta como una obra sobria y compacta al borde del acantilado. Sus características clásicas se ven reflejadas en la cornisa con molduras y en los remates de basalto visto en las esquinas. En la fachada que mira al horizonte se levanta la torre de sección troncocónica de 8,65 metros de altura. Está fabricada en basalto de la zona y cuenta con un pequeño vano rectangular abierto en su recorrido que da luz a la escalera que serpentea por el interior. En el recorrido del fuste, opuesto al mar, se instaló una pequeña puerta de madera que da acceso a la azotea del edificio. El remate de la torre se realizó por medio de una cornisa con molduras que sostiene un pequeño balcón cerrado por un enverjado de hierro. Desde ahí surge el torreón coronado por un casquete metálico que en su origen fue blanco, rematado todo por una veleta con pararrayos.
El edificio en su devenir histórico ha sido muy poco retocado en su estructura original (se cubrió el patio central y se han realizado modificaciones en el torreón para acoplar los diferentes aparatos de que se le ha ido dotando), por lo que queda como un valioso ejemplo de obra pública de la época isabelina.
En 1991 se automatizó, siendo uno de los últimos de España en hacerlo. Hoy en día sigue funcionando y dando servicio a todas las embarcaciones que lo demandan.
28.581327, -16.140015