Graft Zeppelin
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1930
Durante el final de los años veinte uno de los proyectos de comunicación aérea intercontinental auspiciado por Alemania era una línea de dirigibles que conectara Europa con América del Sur y que inevitablemente pasara por los cielos del Archipiélago.
En 1928 se contó con un dirigible, el Graft Zeppelin (Gran Zeppelin LZ-127), que realizara tal proeza. Se trataba de la mayor aeronave de su tiempo, con una longitud total de 236,53 metros, un volumen que alcanzaba los 105.000 m³ y una capacidad para transportar alrededor de 60 personas, entre pasaje y tripulantes.
En mayo de 1930 el Gran Zeppelin inició su travesía desde Friedrichshafen, Alemania, a Sevilla y desde ahí un viaje triangular a Río de Janeiro, Lakerhurst (Nueva York) y de vuelta Sevilla; el periplo duraría casi tres semanas. No estaba prevista escala comercial del dirigible en Canarias, pero a pesar de todo, se autorizó que pudiera lanzar en paracaídas la correspondencia a las islas a su paso por el cielo de Santa Cruz de Tenerife. El 21 de mayo de 1930 a las 04,30 horas de la madrugada, de noche cerrada, el dirigible pasó por nuestro cielo sin ser visto en su primer periplo por estos lares.
A partir de ese momento el Graf Zeppelin repitió esta ruta (Alemania- Brasil), pasando sin escala por el cielo de Santa Cruz en mayo, agosto y septiembre de 1932. Era un viaje bastante demandado debido a la rapidez con que se cubría el trayecto. Hay que tener en cuenta que, mientras que un barco necesitaba algunas semanas para recorrer la distancia que separaba Alemania de Brasil, un dirigible como el Graf Zeppelin necesitaba alrededor de cinco días.
En 1935 volvería a pasar otro dirigible sobre nuestra capital, en esta ocasión conocemos con certeza que dejó caer un saco de correspondencia, atado a un paracaídas, sobre el solar que actualmente ocupa el colegio San Ildefonso, en la avenida La Salle.
La travesía de estas gigantescas aeronaves por nuestros cielos despertó gran admiración entre la población local, atrayendo la atención de muchas personas que pasaban el día y parte de la noche en sus azoteas, esperando ver a uno de estos majestuosos artefactos voladores.
Los dirigibles, como medio de transporte, perdieron su época de apogeo cuando el 6 de mayo de 1937, el LZ-129 Hindenburg se incendió sobre un campo de aviación cercano a la ciudad de Nueva York, falleciendo en el accidente 36 personas. A partir de entonces se instauró un temor generalizado a la utilización de los dirigibles como transporte para traslado de pasaje o incluso de mercancías. Estos grandes aparatos empezaron a pasar a la historia.
Numerosos vuelos del Graft Zeppelin surcaron los cielos canarios a lo largo de los primeros años de la década de los treinta del siglo pasado. Y aunque ninguno hizo escala aquí, de su espectacular presencia quedan algunos testimonios gráficos.
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