Granja Agrícola

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1906

El parque La Granja de Santa Cruz de Tenerife debe su nombre a que en el mismo lugar que hoy ocupa existió desde principios del siglo XX una granja agrícola, establecimientos impulsados en aquel tiempo por el gobierno español con la intensión de propagar los conocimientos agronómicos y formar a personal especializado. En estos centros se ensayaba e investigaba sobre los mejores cultivos adaptados para cada zona, además de las mejoras en las cabañas ganaderas. El Estado asumía todo el gasto en la creación de estas nuevas granjas, incluidas las nóminas del personal y el equipamiento; las corporaciones locales sólo tendría que aportar las fincas donde se instalarían. 
El establecimiento en Canarias de una granja de estas características fue sugerido en 1904 por la Cámara Agrícola de la provincia. La demanda se hizo realidad dos años más tarde cuando, por Real orden de 22 de marzo de 1906, se estableció definitivamente una granja agrícola en Santa Cruz de Tenerife. El terreno puesto a disposición por la Diputación Provincial para tal fin se localizó en las afuera de la ciudad por el suroeste, encima del Camino de la Costa, en una finca de 6 hectáreas llamada “El Sequero”, propiedad de Pedro Tarquis Rodríguez.
La Granja-Escuela Práctica de Agricultura General, nombre oficial con el que se denominó, instruyó durante décadas a capataces de cultivos tanto de exportación (principalmente plátanos y tomates), como de consumo interno (papas, millo, hortalizas…). En cuanto a la cría selectiva de ganado, la granja contó con una estación de sementales bovinos y porcinos. Los resultados obtenidos fueron quedando reflejados en los diferentes concursos y ferias agropecuarias celebradas a lo largo del tiempo. Además, hasta bien entrada la década de los sesenta, la finca funcionó como un rico banco agrícola y vivero municipal. 
En la actualidad, los terrenos que una vez estuvieron ocupados por esta instalación acogen hoy al frondoso parque La Granja que no sólo heredó el nombre, sino también bastantes especies arbóreas de gran porte y vistosidad que todavía podemos admirar.

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