Hospicio de San Carlos
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1785
El Hospicio de San Carlos fue una institución de marcado espíritu ilustrado fundada por el Marqués de Branciforte en 1784 como lugar que tanto podía funcionar como asilo de ancianos, refugio de niños desamparados o lugar donde desocupados pudieran aprender un oficio con el que ganarse la vida.
Las novedosas ideas ilustradas impulsada desde la Corona a través de los altos estamentos sociales y difundidas desde las Reales Sociedades Económicas, pretendieron otorgar cierta asistencia social a todos aquellos grupos necesitados.
El nuevo hospicio establecido en Santa Cruz, al que se le puso el nombre del santo del soberano Carlos III, fue ubicado en las afueras de la ciudad por el sur. Su coste fue sufragado por medio de fondos recaudados a base de limosnas y donativos realizados por las clases más pudientes de lugar. El recinto llegó a contar con talleres y cocinas donde los usuarios pudieron aprender diversos oficios.
El establecimiento comenzó con un aforo para 99 personas; cinco años más tarde, en 1789, había allí 84 mujeres y 28 hombres dedicados a diferentes oficios (tejedoras, hilanderas, lavanderas, costureras, cocineras, panaderas, zapateros, carpinteros, etc.) que vendían sus productos y servicios tanto al mercado local como al exterior.
El centro benéfico funcionó de manera aceptable hasta que el marqués de Branciforte cesó en el mando a finales del siglo XVIII. A partir de ese momento bajaron las limosnas y los donativos particulares que el militar había conseguido mantener de manera constante. Por otro lado, el comercio exterior, base del mantenimiento del lugar, descendió a límites casi nulos por la nueva coyuntura internacional tras los efectos de la Revolución francesa y las posteriores guerras napoleónicas.
En 1821 el hospicio sólo albergaba ocho niñas y había desaparecido cualquier actividad manual. Pocos años después cesó su actividad y fue entonces cuando el Ayuntamiento arrendó sus dependencias a la Comandancia General que lo usó como cuartel. El edificio, comprado por el Estado en 1849, fue sometido a una gran transformación formal, aunque mantendría el nombre, ahora como Cuartel de San Carlos.
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