Hospital psiquiátrico (Manicomio)
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Arquitectura civil · Año: 1895-1947 · Autores: Antonio Pintor y Ocete, Domingo Pisaca Burgada
Hasta hace no mucho el tratamiento a enfermos mentales ocupó un lugar muy secundario en el ya de por sí desolado panorama sanitario de la Isla. En un primer momento los pacientes fueron recluidos en determinados locales de los antiguos hospitales, sin objetivo terapéutico alguno. El primer inmueble con exclusiva atención psiquiátrica en Santa Cruz entró en funcionamiento en 1881 y estuvo situado en la calle San Telmo, pero debió ser provisional, ya que dos años después trasladaron a los enfermos a otro edificio anejo al antiguo Hospital Civil, de cuya administración dependía.
Fue el médico y político Juan Febles Campos el que se entregó a una activa campaña conducente a lograr la creación de un lugar donde los enfermos mentales estuvieran en condiciones sanitarias dignas. En 1892, siendo Diputado Inspector de los Establecimientos Benéficos de la Provincia, Febles Campos fundó una asociación para la construcción de un manicomio. Al año siguiente había recaudando el dinero suficiente para comenzar las obras.
Se pensó que la instalación de un centro de estas características tenía que estar ubicado a las afueras de la ciudad. En un primer momento se intentó situar en la Cruz de Ventoso, sobre Almeida, pero finalmente se optó por el actual emplazamiento, poniéndose especial interés en que el lugar fuera agradable y rodeado de vegetación.
El edificio fue encargado al arquitecto Antonio Pintor, quien adoptó la distribución de espacios que ya en Europa era norma en este tipo de conjuntos sanitarios: sistemas de pabellones independientes intercomunicados.
Las obras comenzaron a principios de 1895 y se demoraron bastantes años debido a su complejidad y a la pertinaz falta de fondos. Con todo, antes de ser entregado para el uso para el que fue concebido, el edificio, aún sin terminar, albergó diversas necesidades: acogió a las tropas que regresaron de la guerra de Cuba y años más tarde, a las víctimas del volcán del Chinyero. También abrió sus puertas a los enfermos infecciosos de diversas epidemias.
Por fin, en 1913 ingresaron los primeros enfermos mentales en el nuevo hospital. En 1926 se realizó una ampliación para admitir a mujeres, y en 1929, el arquitecto Domingo Pisaca, acometió una gran ampliación de los espacios. En 1947, de nuevo, una nueva reforma y puesta al día dio la posibilidad de albergar hasta 425 enfermos.
En años sucesivos, el aumento de la población y los cambios en el campo de la psiquiatría han obligado a un notable esfuerzo por poner el conjunto sanitario al día. Diversos edificios y espacios se han ido sucediendo en tiempo reciente para dar demanda a los nuevos sistemas de terapias renovadas. Con todo, aún se mantiene y conserva la construcción original.
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