La entrada de Maldonado. ¿Batalla en Ofra?

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos · Año: 1492

El salmantino Francisco de Maldonado llegó a Gran Canaria a finales de 1491 como sucesor en el cargo del gobernador y conquistador de esta isla, Pedro de Vera.
Una de las principales fuentes de ingreso de gobernadores y conquistadores en ese momento en un archipiélago pobre en bienes y carente de metales preciosos, eran los pingües beneficios ocasionados por la venta de esclavos y ganado capturados en las indiscriminadas cabalgadas o expediciones de pillaje que se realizaban ocasionalmente en el territorio de las islas que todavía quedaban por conquistar o en las cercanas costas africanas. 
El gobernador Maldonado, nada más tomar poder de su cargo, fomentó estas operaciones de pillaje tanto en la isla de La Palma como en los territorios de los bandos de guerra de Tenerife. 
Así fue como en la primavera de 1492, dos años antes de iniciarse la conquista definitiva de Tenerife, el propio Maldonado se puso al mando de una expedición de casi 150 hombres que, embarcados en dos navíos, zarpó del puerto de Las Isletas con destino las costas de Añazo, a las que arribaron a plena luz del día. 
Los guanches, apercibidos, esperaron a que los que venían a por ellos se adentran en el territorio. Maldonado, de manera imprudente, se adelantó con su grupo hacia terrenos que no conocía. Al momento cayó sobre él y sus hombres toda la violencia de los guanches que los estaban esperando agazapados. Los europeos perdieron casi de inmediato a más de cuarenta efectivos, y si no llega a ser por la llegada al momento de las tropas invasoras que venían rezagadas, el desastre hubiera sido mayor.
La retirada de Maldonado y de sus hombres del lugar de la refriega, que algunos autores sitúan en Ofra y otros en las inmediaciones de La Cuesta, fue caótica, reembarcando apresuradamente de nuevo hacia Gran Canaria.
Este no fue el primer enfrentamiento serio entre europeos y guanches; pero sí el preludio de lo que iba a suceder dos años después, cuando las tropas de Fernández de Lugo, tras un primer intento fallido, arribaron a las costas de Añazo para ya no abandonarlas jamás.

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