La fragata “Bounty” en Santa Cruz

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Literatura · Subcategoría: Fragmentos literarios · Año: 1788 · Autores: William Bligh

Es relativamente poco conocido que la fragata Bounty, famosa por su motín que ha sido reflejado en múltiples relatos y en varias versiones cinematográficas, recaló en el puerto de Santa Cruz entre el 6 y el 10 de enero de 1788. Estuvo aquí en escala de su viaje hacia Tahití, a donde se dirigía con la intensión de trasladar plantas del árbol del pan desde aquella isla del Pacífico hasta las Antillas británicas, para servir de alimento a los esclavos de las plantaciones de Jamaica y de otras colonias inglesas del Caribe que sufrían por entonces periódicas hambrunas.
La Bounty zarpó de Spithead, sur de Inglaterra, el 23 de diciembre de 1787 con cuarenta y cinco hombres a bordo, dos de ellos jardineros, todos bajo las órdenes del teniente de navío William Bligh. A los pocos días de navegación, la embarcación sufrió las inclemencias de un terrible temporal, lo que la hace tomar puerto en Santa Cruz para repara daños y obtener refrescos. 
William Bligh, que ya había estado casi doce años antes en el puerto santacrucero embarcado en el tercer viaje del gran navegante James Cook al Pacífico, dejó reflejado, ahora como máximo responsable de una expedición, algunas breves impresiones del puerto tinerfeño. Vio a Santa Cruz en aquel invierno de 1788 “… edificada de forma regular..." y con "...casas en general amplias y aireadas, aunque las calles están muy mal pavimentadas”. Pero donde puso su mayor interés fue en el inaugurado tres años antes Hospicio de San Carlos, del que resalta:
“Tuve el honor de que su Excelencia [el marqués de Branciforte] me mostrara el asilo, ellos lo llaman Hospicio, construido en una gran extensión de terreno, con cabida para 120 niñas y otros tantos niños pobres que aparentaban tener un semblante alegre. Esta institución representaba un esfuerzo sumamente loable.
En una estancia espaciosa, mujeres jóvenes y niñas, con una vestimenta decente y pulcra, organizaban admirablemente sus ruecas y telares. Una institutriz inspeccionaba y coordinaba todos sus trabajos de fabricación de cintas de colores de seda y ropas de abrigo hechas de lino, incluso el teñido de las propias prendas la realizaban ellas. Los hombres jóvenes y los niños se dedicaban a los trabajos más laboriosos, como el blanqueo de prendas confeccionadas con lana común, también cuenta con inspector que les ayuda en todo lo que haga menester.
El Gobernador les visita cada día mientras que un clérigo les asiste por las noches. En el caso de enfermar, reciben toda clase de ayudas y cuidados hasta el resto de sus días. El tiempo de estancia de las acogidas, de acuerdo con los estatutos, se limitaba a una permanencia de cinco años, al cabo de los cuales se podían casar o independizar ejerciendo el oficio aprendido.
Gracias a esta humana institución, un buen número de personas se vuelven útiles y laboriosas en un país donde los pobres, por la indulgencia del clima, son demasiados propensos a preferir una vida de inactividad. Tengo que resaltar que la materia prima era donada por los comerciantes de Santa Cruz, y con las limosnas y donaciones se sufragaban los gastos de alimentación.
Después de haber terminado nuestros negocios en Tenerife, el jueves 10 de enero, con nuestro barco en buen estado de salud, con bebidas espirituosas a bordo, y una decena de embudos de piedra,  (destiladeras de agua), emprendimos la navegación con el viento sureste.”
La fragata HMS Bounty dejó Santa Cruz atrás y continuó su viaje hacia el Pacífico. Tras diez meses de navegación, llegó finalmente a Tahití el 25 de octubre de 1788. Allí la expedición permaneció algo más de cinco meses, tiempo suficiente para, además de acomodarse en aquel paraíso tropical, cultivar, recolectar y posteriormente embarcar un millar de plantones del árbol del pan con destino a Las Antillas. Como es bien conocido, la fragata nunca completó su viaje de retorno. 
En la madrugada del 28 de abril de 1789, aún a la altura del archipiélago de Tonga, en el viaje de vuelta, Fletcher Christian, oficial adjunto, tomó el control de la Bounty tras un motín. Los sublevados embarcaron a William Bligh en una pequeña barca junto a otros 18 tripulantes, un sextante, algunos barriles de agua y poca comida, abandonándolos en medio del océano. Increíblemente, Bligh y sus compañeros lograron sobrevivir tras cuarenta y un días de travesía en una pequeña embarcación. Recorrieron unas 3.600 millas (unos 6.700 km), llegando milagrosamente a la isla de Timor en Las Molucas. 
Por su parte, los amotinados del Bounty había vuelto a su paraíso de Tahití. Allí desembarcaron quince; los restantes nueve, junto a una veintena de nativos (seis hombres y el resto mujeres, una de ellas con un bebé), se refugiaron en la isla perdida y deshabitada de Pitcairn. Allí desembarcaron el 15 de enero de 1790, fundando una pequeña colonia aislada del mundo durante décadas. En absoluto aislamiento (la Bounty la habían desmantelado para con las maderas de su casco construir cabañas) Christian y los amotinados murieron en diversos enfrentamientos surgidos entre los propios europeos o a manos de los tahitianos, seguramente a causa de la posesión de las mujeres y del reparto de las tierras de la isla. Sus descendientes continúan hoy residiendo en Pitcairn. 

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