La senda del drago

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Literatura · Subcategoría: Fragmentos literarios · Año: 2006 · Autores: José Luis Sampedro

José Luis Sampedro (Barcelona, 1917-Madrid, 2013)​ fue un escritor y economista que abogó por una economía «más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos». En 1990 fue nombrado miembro de la Real Academia Española de la Lengua. En 2010 le fue otorgada la Orden de las Artes y las Letras de España por el gobierno de la nación por «su sobresaliente trayectoria literaria y por su pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo». En 2011 se le concedió el Premio Nacional de las Letras Españolas.

José Luis Sampedro pasaba parte del año en Tenerife, residiendo en Santa Cruz, una tierra cuyos símbolos, el drago y el Teide, le sirvieron para componer su obra La senda del drago, publicada en 2006 y donde narra varias situaciones ubicadas en la ciudad.

«Por supuesto que empezaré mi artículo con la descripción costumbrista convencional. Presentaré la Rambla que ven los turistas: un paseo sin duda espléndido, con su andén central para el transeúnte y sus casas, entre las que predominan los chalets unifamiliares con jardincillo delantero. Aludiré también al llamado mobiliario urbano, con asientos públicos varios instalados a veces en grupos formando media luna, para facilitar reuniones en tertulia; además de existir juegos para los niños y esculturas varias, entre ellas una del famoso artista Henry Moore. El resultado es un verdadero ejemplo del urbanismo más recomendable.

Pero lo esencial son los árboles. La Rambla es una larga avenida con doble fila de columnas, que son los laureles de Indias con sus troncos como de plata vieja y sus frondosas ramas entrecruzándose en lo alto, para crear un hermoso dosel contra los rigores del sol. Todo a lo largo del paseo central, a un lado y otro, corren sendos arriates que, al pie de los árboles, ofrecen un arco iris de las flores más variadas. Unos cercos bajos de cemento sirven de orla a esos arriates y los protegen contra el posible pisoteo de los niños jugando o contra los desmanes de patines y bicicletas. Pues bien, en algunos puntos el cemento aparece roto, pero no por descuidos infantiles sino por una fuerza más profunda que, incluso, resquebraja y levanta el pavimento del paseo.

Ese destrozo nos da una magnífica lección de vida, pues pone en evidencia a una fuerza terrenal venciendo a una perversión humana. Pues el ímpetu que rompe el cemento y levanta el forjado de suelo y arriates es la tremenda fuerza de la vida: la que hace crecer y esparcirse bajo tierra a las raíces de los altos árboles. Algunas, más someras, las vemos brotar al pie de  algunos troncos, naciendo como poderosos brazos que el crecimiento vegetal va engrosando, sin que ni la apretada tierra alrededor, ni la contención del duro hormigón puedan evitarlo.»

28.474851, -16.251353