Los Llanos

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Lugares históricos

El desaparecido barrio de Los Llanos fue una de las entidades de población con mayor personalidad y arraigo popular de Santa Cruz de Tenerife. Situado en el extrarradio de la ciudad por el sur, al igual que su vecino El Cabo, desapareció a finales del siglo XX como consecuencia de la gran transformación que sufrió este sector tras llevarse a cabo un importante plan urbanístico que dio paso a lo que hoy se conoce como “Cabo-Llanos”.
El enclave se encontraba  en la zona más al sur de la bahía santacucera, lugar donde una costa baja llena de pequeñas playas de arena negra y callaos daba paso una extensa planicie. Fue por aquí por donde en 1494 desembarcaron los europeos con el propósito de conquistar la isla, aunque rápidamente se trasladaron hacia el norte, hasta llegar al cauce del barranco de Santos, donde fundaron su campamento. Por tanto, aquella zona, ya desde muy temprano, quedó alejada de donde se desarrollaría el núcleo principal de la población de Santa Cruz.
Este extremo sur comenzó a poblarse durante la primera mitad del siglo XVII, tras el establecimiento aquí de dos edificios de enorme importancia en aquel momento: el castillo de San Juan y la ermita de la Regla. El lugar era conocido por entonces como Campo de las Cruces, al existir a lo largo del camino que llegaba hasta allí una serie de cruces de madera que formaban un Calvario. Algo más tarde se levantaron en esta planicie azotada por el viento algunos molinos que le dieron al lugar su nombre definitivo: Los Llanos de los Molinos. Su carácter aislado fue motivo para que se escogiera en ocasiones como lugar de enterramientos en épocas de gran mortandad y también de ajusticiamientos. Ya en el siglo XVIII surgen nuevas edificaciones como la Casa de la Polvora (1758), lugar específico donde custodiar la munición para la artillería;  y una gran fábrica de salazón de pescado (1772) que poco tiempo después se convertiría en lazareto, lugar de internamiento para infectados por enfermedades contagiosas.  
Pero fue a finales del siglo XIX y comienzos del siguiente cuando el barrio de Los Llanos alcanzó su máximo apogeo gracias al asentamiento aquí de una gran cantidad de población atraída a Santa Cruz por su pujante actividad portuaria e industrial. Los recién llegados se fueron instalando aquí como prolongación del vecino barrio de El Cabo. Ocuparon modestas viviendas fabricadas a toda prisa y cuatro grandes ciudadelas, donde las medidas higiénicas brillaran por su ausencia. Los Llanos llegó a contar en su momento de máxima ocupación con más de 3000 personas, dedicadas, en su mayoría, a variadas y múltiples actividades portuarias. La masificación desordenada, el asentamientos en los alrededores de nuevas industrias (fábrica del gas en 1909 y Refinería en 1930), la instalación en las cercanías del vertedero municipal y la falta de servicios básicos, fueron factores suficientes para que el barrio se convirtiera en un lugar absolutamente marginal.
A mediados del siglo XX nuevos planes urbanísticos y la búsqueda de una mejor conectividad de Santa Cruz con el resto de la isla, propiciaron que la zona sur de la ciudad fuera objeto de una total transformación. Se proyectaron para este sector el trazado de nuevas vías rápidas y un nuevo ensanche. El desmantelamiento y total desaparición del antiguo barrio de Los Llanos se produjo de manera definitiva durante buena parte de los los años setenta y ochenta, con el consiguiente traslado de la población que allí habitaba a otras entidades urbanas periféricas de Santa Cruz: Santa Clara, Somosierra, Miramar, Ofra, Barrio de la Salud, etc.   
A partir de entonces los terrenos desocupados por el antiguo barrio junto a otros liberados por la Refinería dieron lugar al nuevo espacio urbanístico denominado “Cabo-Llanos”. Del antiguo enclave sólo quedaron en pie el castillo de San Juan, La Casa de la Pólvora y la ermita de Regla. Lo demás fue todo nuevo: una rápida vía de acceso a la ciudad y al puerto desde el sur, el antiguo vertedero convertido en un frondoso Palmetum y un grupo de nuevas edificaciones “emblemáticas” de autoría contrastada, tan en boga en el urbanismo de comienzos de siglo, entre las que cabe destacar un espectacular auditorio, un sorprendente recinto ferial, un curioso parque marítimo y variados edificios de uso residencial de alto standing.
Al contemplar el nuevo espacio surgido, nadie puede imaginar que aquí existió uno de los barrio más populares de Santa Cruz, cuyos antiguos vecinos y sus descendientes vienen todavía hoy de variadas partes de la ciudad a celebrar en la ermita de La Regla cada mes de septiembre la festividad de la Virgen, como siempre lo hicieron.

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