Monumento a Kazimir Sapiéha-Kodenski
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Arte · Subcategoría: Escultura · Año: 2012
Un monolito de sillería basáltica, constituido por piedras que una vez formaron parte del primitivo muelle de Santa Cruz de Tenerife, fue instalado el 28 de marzo de 2012 frente a la entrada del barrio de María Jiménez, junto a la autovía de San Andrés. En una placa adosada a este monumento aparece dibujado el escudo de armas de la familia Sapiéha-Kodenski, con el lema: Cruz Mihi Foederis Arcus (La Cruz es mi Arca de la Alianza).
El motivo de la instalación del monumento en este lugar es el recordatorio de un funesto suceso marítimo ocurrido en 1909 justo frente a esta costa, hoy totalmente trasformada.
Los Sapiéha era una de las más antiguas y relevantes familias nobles de Polonia. Uno de sus miembros, el príncipe Kazimirz Sapiéha-Kodenski, de 27 años de edad, llegó al puerto de Santa Cruz de Tenerife el 20 de febrero de 1909, para pasar unas vacaciones en compañía de sus dos hermanos menores, León y Alexander, de 26 y 21 años, respectivamente, hospedándose en el Hotel Orotava, en la plaza de La Candelaria, de esta capital. La tarde del día 23, Martes de Carnaval, los tres hermanos alquilaron en el Club Tinerfeño (Club Náutico) el balandro Bernardo Barrera, patroneado por Rafael Arnay y el marinero José Megolla, con el fin de llevar a cabo una excursión marítima por la bahía hasta llegar a la playa de San Andrés.
”De regreso al Club Náutico de Santa Cruz, Kazimirz pidió timonear la embarcación. Para aprovechar el fuerte viento favorable, viajaban con la vela desplegada cuando, al pasar frente al lugar conocido como el Trabuco, en el Bufadero, una falsa maniobra o un golpe de mar hizo zozobrar la pequeña embarcación y todos los pasajeros cayeron al agua; ante la imposibilidad de ganar la costa a nado, comenzaron a solicitar socorro".
Cuatro, de los cinco tripulantes que viajaban a bordo del balandro, fueron recogidos por un pescador de la zona que se encontraba faenando cerca del lugar del accidente, trasladándolos en su barca al núcleo vecinal de María Jiménez, donde una familia les ofreció ropa y comida. Sin embargo, el cuerpo del príncipe Kazimierz nunca apareció, pues se cree que, en el momento del bandazo, recibió un golpe en la cabeza y fue arrastrado por las corrientes marinas.
Más de cien años después del suceso se erigió este modesto monumento; recordatorio de un desastre ocurrido en las inmediaciones de una costa que, en aquel momento, estaba formada por peñas y riscos donde rompía el Atlántico con potencia.
28.49172, -16.22481