Plaza de Weyler
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Plazas, calles y mercados · Año: 1880
La plaza de Weyler debe su nombre al militar Valeriano Weyler (1838-1930), capitán general de Canarias entre 1878 y 1883, propulsor de la construcción del palacio de la Capitanía General y, por extensión, de esta amplia plaza que se despliega delante de su fachada.
Hasta finales del siglo XVIII nada había por estos alrededores, pues la ciudad, en su progresión, no alcanzaba aquellas estribaciones. En 1776 se comenzó la construcción de un hospital militar en el solar que hoy ocupa la Capitanía. Este antiguo hospital era la primera edificación que se encontraban los viajantes que bajaban por el camino de La Laguna, hoy Rambla de Pulido. En 1852, las ordenanzas municipales designaron este espacio con vocación de encrucijada, como lugar en el que se permitiera descansar y dar de comer al ganado y las caballerías, funcionando como puerta de entrada y salida de la ciudad, además de servir como zona adecuada para ejercicios e instrucción de las milicias.
El Ayuntamiento pensó en la posibilidad de urbanizar este paraje a partir de 1870, cuando ya estaba en marcha la prolongación de la calle del Castillo. Cuatro años más tarde se plantaron los primeros árboles en aquella extensión que seguía siendo de propiedad militar.
La edificación del palacio de Capitanía en 1879 dio un gran impulso a la construcción de la plaza, arreglándose superficialmente, igualándose su solar y trazándose las cuatro calles que la rodean. En 1881 se cerró su perímetro por medio de una cerca formada por asientos de sillería basáltica (hoy desaparecida) y se construyó la escalinata de cinco gradas que conducían a su interior desde la calle del Castillo; el adoquinado se finalizó en 1888, y en el centro se colocó una importante y lustrosa fuente de mármol blanco de carácter monumental, instalada en 1899.
Todo este espacio ha sido reformado a lo largo de su historia, modificándose su aspecto original. Se colocó mármol en el suelo y se complicó el viario interior en detrimento de la simplicidad. Al final, la plaza de Weyler ha quedado como un recinto abierto, como lugar de paso, más que como espacio de recreo y descanso, aunque conserva ese encanto original de encuentro de caminos.
28.467712, -16.255563