Viaje a la isla de Tenerife (1796)
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Literatura · Subcategoría: Fragmentos literarios · Año: 1796 · Autores: André-Pierre Ledru
El testimonio del naturalista francés André-Pierre Ledru (Chantenay, 1761-Mans, 1825) es uno de los más valiosos dejados por los expedicionarios que visitaron Tenerife entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Ledru poseía una sólida formación botánica y era de esos enciclopedistas moderados que vivió intensamente los vaivenes políticos y culturales de una época de revoluciones, imperios y restauraciones. En octubre de 1796 se embarcó en una expedición científica con rumbo a las Antillas a bordo del navío La Belle Angélique. Un temporal a la altura de las Azores produjo importantes desperfectos en el buque, por lo que se dirigieron a Canarias, fondeando en el puerto de Santa Cruz de Tenerife el 6 de noviembre de 1796. Su estancia en la isla fue de más de cuatro meses, por lo que a lo largo de ese tiempo se dedicó a escribir sobre lo que vio.
Por lo que respecta a la ciudad de Santa Cruz, Ledru hizo un análisis pormenorizado del lugar, deteniéndose en el puerto, fortalezas, plazas y calles. Es de destacar la descripción que hizo de la iglesia parroquial de la Concepción y de las obras artísticas que encontró en su interior en estos meses anteriores al ataque de Nelson.
«[...] La iglesia parroquial está enriquecida con vasos de oro incrustados de pedrerías, con un altar revestido de láminas de plata cincelada y con doce lámparas del mismo metal suspendidas en la bóveda. Durante el ejercicio de sus funciones, el clero, que es numeroso, lleva vestidos magníficos.
¿Por qué se conserva aquí el uso detestable de convertir en cementerio el templo de la divinidad? El pavimento de esta iglesia no es sino una serie continua de tumbas, unas cubiertas con simples ladrillos y otras con mármoles orgullosos.
Todas las pinturas de esta iglesia, excepto dos, son malas. La primera representa la Natividad de Jesucristo durante la noche en que los pastores fueron a adorarlo. El artista se aprovechó de esta circunstancia para iluminar el fondo del nacimiento. La luz, que se refleja en los ángeles y los pastores, produce un buen efecto. Este cuadro fue ejecutado por Juan de Miranda, pintor canario, en 1773. El segundo tiene como tema el juicio de las almas del purgatorio. Varios condenados, con el cuerpo quemado, cargados de cadenas y desgarrados por las serpientes, elevan sus manos hacia el cielo ocupado por los santos, que deliberan sobre el destino de estos desgraciados. En medio de los jueces se ve a San Miguel sosteniendo una balanza cuyos platillos, desigualmente suspendidos, tienen cada uno un papel enrollado. Los magistrados que componen este tribunal singular son obispos, curas y monjes; entre ellos no se ven ni padres de familia, ni agricultores, ni pobres. Sea cual sea su contenido, este cuadro, sin nombre de autor y sin fecha, es apreciable por el colorido de las carnes y la expresión de las caras.»
28.464537, -16.249088