Ruta de novela negra: 03. plaza de Santa Ana

Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Rutas · Subcategoría: Ruta de novela negra

Entretanto, Lupescu había salido para ver la ciudad. Había ido a ver la catedral, la plaza que había ante ella. Se había sentado en uno de los bancos, cerca de unos perros de bronce, y había observado las evoluciones de las palomas. Allí, sentado, pensó en Anatol. Supuso que se hubiera empeñado en subirse a lomos de uno de los perros. Que hubiera perseguido a las palomas, espantándolas sólo por el gusto de verlas volar en círculos para volver nuevamente al suelo en cuanto él se despistara. Si todo fuera bien, si el trabajo saliese como debía salir, si el tratamiento funcionase como debía funcionar, si Diego y sus jefes jugaban limpio con él y nada se torcía, volvería a aquella plaza con Anatol cuando estuviese recuperado. Se lo propuso allí mismo, en aquel momento. Si Anatol se recuperaba, lo traería a aquella ciudad y lo llevaría a aquella plaza de Santa Ana, a jugar con los perros de bronce y a molestar a las palomas.

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