Club Oliver

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Arquitectura · Subcategoría: Arquitectura civil · Año: 1920-1930

Esta magnífica edificación, levantada a mediados de la década de 1920 por el empresario de origen mallorquín Gabriel Oliver, sigue el patrón de las casas de campo de la alta clase social inglesa de aquel tiempo, donde grandes espacios arbolados y jardines rodean mansiones de tipo pseudo clásico que dignifican socialmente a las personas que se alojan en ellas.
El espectacular jardín que rodea todo el espacio le da al conjunto una extraordinaria calidad ambiental por su gran variedad de arbolado, sus superficies de césped y los parterres repletos de numerosas especies florales, tanto autóctonas como foráneas.
Y en medio de esta riqueza vegetal, nos encontramos con una edificación de claro corte palladiano, de dos plantas, semisótano y cubierta inclinada a cuatro aguas con tejas curvas.
En su exterior, una terraza lateral apoyada sobre pilares de orden dórico da lugar a un porche inferior con mosaico hidráulico. La vivienda incluye un zócalo imitando sillería y delimitado por una moldura. El acabado en sillería se prolonga hasta la cubierta en las esquinas del inmueble. Una banda moldurada y denticular se ubica en la entreplanta y conecta en la entrada principal a un segundo porche apoyado sobre pilares del mismo estilo. Las carpinterías son de madera de hojas abatibles y guillotinadas, con metopas acristaladas y contraventanas con lamas de librillo. Sobre la puerta de acceso, vemos un tragaluz compuesto por una vidriera. Todo este exterior es recorrido por vanos alineados rectangulares verticales. 
En el interior, los acabados son los originales, con entablonados de madera en suelo, revestimiento en textil, yeso y papel pintado sobre paredes, con cornisas molduradas y bandas con dentículos venecianos. En el semisótano, un mosaico de piezas de gres da acceso a una sala de juego decorada con pilares de orden dórico.
Durante la década de los sesenta del siglo XX los propietarios quisieron vender la casa y el terreno a unos promotores para la realización de viviendas de lujo, pero tras un estudio detallado y dada la riqueza botánica existente y su alto valor ecológico, se decidió no trocear la parcela y no construir nada que destruyera la calidad ambiental existente. A comienzos de 1971 toda la propiedad fue adquirida por un grupo de santacruceros que se concertaron para fraguar una de las sociedades privadas más selectas de la ciudad.
El Club Oliver, tal como hoy se conoce, es un lugar donde desde finales del siglo XX se han fraguado algunos de los episodios más notables de la historia empresarial de Tenerife, a lo que contribuye sobremanera el majestuoso entorno en el que se ubica. 

28.472114, -16.26355