Agencia Thompson y Cía.
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Literatura · Subcategoría: Fragmentos literarios · Año: 1907 · Autores: Jules Verne
La fabulosa popularidad de Julio Verne (Nantes, 1828-Amiens, 1905) quizá ha contribuido, paradójicamente, a desdibujar su calidad literaria. Exaltado como precursor de la ciencia ficción y como autor para niños y adolescentes, la crítica, en las últimas décadas, ha recuperado al autor como un escritor con valores artísticos incuestionables, aunque para la gran mayoría del público sigue y seguirá siendo, sobre todo, un excepcional narrador de aventuras. De entre sus novelas se pueden citar algunas como: Viaje al centro de la Tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino, De la Tierra a la Luna o La vuelta al mundo en ochenta días, por poner algunos ejemplos.
En su obra "Agencia Thompson y Compañía", publicada en París en 1907, dos años después de su muerte y posiblemente escrita a principios de los años noventa del siglo XIX, Verne satiriza inicialmente el turismo británico como nueva actividad empresarial organizada; pero lo que comienza como un retrato sarcástico desemboca en una novela de aventuras que tiene como fondo Canarias, Madeira y Azores. Por lo que respecta a la ciudad de Santa Cruz el gran autor francés dedica, en el capítulo XX titulado "En la cima del Teide", solo una serie de frases descriptivas a la por aquel entonces capital de Canarias, en los siguientes términos:
«Unas 50 millas apenas separaban a Las Palmas de Santa Cruz. El Seamew, vuelto a su velocidad normal de doce nudos, empleó cuatro horas en franquear esa distancia; a las tres y media anclaba en el puerto de la capital de Tenerife.
Entre esta ciudad, rival en importancia de Las Palmas, y Europa las comunicaciones son fáciles y frecuentes. Numerosas líneas de vapores la unen con Liverpool, Hamburgo, El Havre, Marsella y Génova, sin contar la compañía local, que asegura un pasaje bimensual entre las diversas islas del archipiélago.
Edificada en anfiteatro, con un cinturón de montañas, Santa Cruz es de seductor arribo y puede, a este aspecto, sostener la competencia con Las Palmas.
Su gracia fue, con todo, insuficiente para sacudir la indiferencia de los pasajeros. Durante la travesía, sólo miradas vagas y aburridas habían dirigido sobre aquellas costas grandiosas y salvajes, con rocas desnudas, hacia las que les empujaba la hélice del Seamew. En el puerto ya, la mayor parte se limitaron a echar una ojeada sobre tierra, y su curiosidad pareció quedarse con ello satisfecha.
¿Qué les importaba aquel espectáculo, maravilloso seguramente, pero hecho banal ya por la costumbre? ¿Qué interés encerraba para ellos aquella ciudad, agradable sin duda, pero sin duda también muy semejante a las demás ciudades visitadas ya? Su única preocupación era el célebre pico del Teide, más conocido con el nombre de pico de Tenerife, cuya ascensión, prometida por el programa, constituía el clou del viaje. ¡He ahí una cosa verdaderamente nueva y original! Sólo la aproximación de excursión semejante hacía ya subir las acciones de la agencia Thompson.»
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