Real Aduana
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1742
Al principio, las primeras oficinas aduaneras de la isla se establecieron en La Laguna, pero en 1585 el Cabildo había decidido trasladarlas a Santa Cruz, puerto y lugar por donde entraba y salían las mercancías sujetas a gravámenes. Así, a comienzos del siglo XVII, unas rudimentarias oficinas aduaneras comenzaron a funcionar en unas casas particulares, por las que se pagaba alquiler, localizadas al comienzo de la calle de la Caleta, muy cerca del puerto de aquel entonces.
Fue el polémico intendente Cevallos el que en 1718 solicitó al Cabildo un lugar en condiciones para establecer la nueva Real Aduana, institución encargada del control en el movimiento de mercancías sujetas a aranceles, de manera especial sobre el tabaco, del que se obtenía grandes beneficios y que la nueva administración borbónica quería centralizar y controlar.
Al año siguiente comenzaron las obras para acoger las oficinas, almacenes y depósitos de la aduana. Se escogió un solar de uso militar que formaba parte de la batería de la Concepción, contiguo al desembarcadero de la caleta de Blas Díaz. Pronto los trabajos quedaron interrumpidos al considerarse que la construcción comprometía el sistema defensivo del puerto. De cualquier forma, lo poco erigido hasta el momento quedó totalmente arruinado a causa de un incendio acaecido el 20 de julio de 1727.
El nuevo y definitivo edificio de la Aduana se fabricó entre 1742-43. Estuvo situado en el mismo lugar que el anterior, muy cerca del mar. Era una enorme construcción de planta cuadrada con dos alturas. Contaba con una sobria fachada con entrada principal por la calle de la Caleta, donde se abría una gran puerta enmarcada por piedra de Lanzarote, coronada por un escudo de las armas reales de la nueva dinastía borbónica, obra del cantero orotavense Juan Alonso. En el interior, el edificio poseía un patio central que distribuía los espacios por medio de largos corredores; también albergaba una pequeña capilla.
Esta Aduana se mantuvo en pie durante dos siglos tras resistir incendios y numerosas reformas. Además de acoger su propia función, también sirvió esporádicamente como eventual estación marítima de pasajeros. En 1930 dejó de prestar servicios y en 1943 fue demolida para dar paso a una nueva restructuración viaria de la zona y al edificio de Correos y Telégrafos.
28.46612, -16.24783