Puente de Palo o Palastro

Las Palmas de Gran Canaria · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1861-1868 · Autores: Manuel de Oraá

El Puente de Palo nació en la segunda mitad del siglo XIX, entre 1861 y 1868, en el período en que fue alcalde de la ciudad Antonio López Botas, en memoria del cual se le rotuló oficialmente con su nombre y en cuya misma época se levantó el mercado de Vegueta. Su construcción se debió a la destrucción, debido a una crecida, de otro puente que existió a la altura de la calle San Pedro, que había sido construido en 1579 por Martín de Benavides, treinta y siete Gobernador que fue de Gran Canaria, Sebastián Jiménez Sánchez. Derribado aquél, se consideró necesario levantar otro cercano para unir los barrios de Triana y de Vegueta. La primera versión del puente era un simple paso sobre el Guiniguada cuya calzada era más estrecha que la que conocimos, por donde transitaban los vehículos hasta 1970.
La posible razón de sus denominaciones populares ofrece varias incógnitas: desde luego, los pilares eran de cemento y es posible que la primera calzada fuera de madera, de ahí lo de "palo”, pero como se le llama también popularmente “palastro” y según la Real Academia palastro es una armazón de hierro laminado, es presumible que la primera calzada de tablas fuera sustituida después por armazón de hierro y de cemento.
[...] merece destacarse en primer lugar el Puente de Palo que asume, en sí mismo, varios roles. Porque por una parte es punto de paso y continuidad entre Vegueta y Triana, de otro es separación entre un tipo de comercio de tipo alimentario y artesanal propio de las inmediaciones del mercado y aquel textil que decíamos de la calle Mayor; y aún en un tercer lugar, pero no el último, aparece como recinto que contiene cafés, puestos de venta de flores y establecimientos y, por tanto, punto de encuentro tremendamente importante como para convertirse en fulcro de una serie de actividades relacionadas pero zonalmente localizables en lugares diferentes. Era, en efecto, un equipamiento de primer orden, pleno de vitalidad y cuya desaparición ha causado un vacío que no se ha vuelto a recuperar jamás.
No hay que olvidar tampoco que desde el punto de vista arquitectónico formal, su carácter compacto y su abovedada cubierta de cerámica de colores, le daba un impacto como elemento emergente bastante significativo en un ámbito donde había otros edificios, como el teatro y el mercado, que cerraban un espacio, a pesar del barranco, que hoy se ha perdido definitivamente.
Cuando Manuel Oraá, primer arquitecto titulado, llegó a Canarias, decidió inspeccionar todas las obras públicas que con el erario municipal se estaban realizando, emitiendo diversos informes a la Subsecretaría del Ministerio de la Gobernación en la Sección de Construcciones Civiles. Por este motivo redactó un nuevo proyecto para la reconstrucción de un puente de palastro y madera sobre pilas y estribos de mampostería, que había sido modificado en virtud de la Real Orden de 14 de mayo de 1862.
El proyecto fue aprobado por Isabel II a través de la sección de construcciones de la Junta Consultiva de policía urbana y edificios públicos. El presupuesto de las obras, ascendió a 146.184 reales, 31 céntimos. El puente, sobre el barranco de Guiniguada, enlazaba la calle de Triana con el barrio de Vegueta.

28.102726, -15.414159