Casa del Carnaval
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Espacios culturales · Subcategoría: Museos · Año: 2017
El proyecto museográfico denominado la Casa del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife es una iniciativa del Ayuntamiento destinada a dar testimonio y difusión estable del carnaval santacrucero, la fiesta más importante de la ciudad, declarada de Interés Turístico Internacional.
El museo, inaugurado en 2017, se encuentra ubicado en el parque del Barranco de Santos, debajo del puente Galcerán. Cuenta con más de mil metros cuadrados donde se exponen todos aquellos elementos y cualidades que hacen única a esta fiesta tan querida por la ciudadanía. Incluye una exposición permanente, una sala polivalente que facilita muestras temporales y presentaciones de toda índole, un centro de documentación e investigación del patrimonio del carnaval, cafetería y una tienda.
Muy poco conocemos del carnaval de Santa Cruz durante los dos primeros siglos de existencia de la población. Sabemos que durante el siglo XVII las familias más acaudaladas solían realizar en sus casas fiestas y bailes de máscaras. También conocermos que las diversiones populares se llevaban a cabo en la calle y su espíritu era espontáneo y bullicioso, con juegos de máscaras y trajes ridículos. Las autoridades de entonces no veían con buenos ojos este tipo de actividades lúdicas ya que, según ellos, afectaban al orden público e iban contra los valores morales y religiosos establecidos.
A medida que avanzaba el siglo XIX los bailes se fueron organizando en los clubes o asociaciones, aunque las clases populares seguían con la diversión en la calle, siempre amenazada por la autoridad gubernativa. Las ordenanzas municipales de 1852 dedicaron ocho artículos al carnaval que abarcaron desde su duración hasta las normas y comportamientos para evitar riñas. No se autorizaba lucir disfraces y máscaras después de que anocheciera.
Año tras año, a pesar de guerras internacionales y brotes epidémicos, los carnavales se fueron celebrando como algo que rompía con la rutina diaria de una ciudad que durante unos cuantos días quería cambiar su normal comportamiento.
A partir de la década de 1910 la fiesta comienza a tomar forma tal como hoy la conocemos. Las sociedades recreativas empezaron a diseñar trajes con más "gusto" y "originalidad", creándose los primeros premios para las fantasías más vistosas. Durante la Primera Guerra Mundial aparecen las primeras murgas de las que tenemos noticia, al parecer introducidas por un grupo de marineros gaditanos que solían atracar en el puerto con asiduidad por estas fechas. Durante los felices años veinte alcanzaron notoriedad las rondallas, agrupaciones musicales con instrumentos de cuerda, cantante solista y coro. En 1933 aparece por primera vez un cartel de carnaval premiado en un concurso y en el cual se comunicaba la celebración de un baile en el Círculo de Bellas Artes. Dos años más tarde y organizado por el Círculo de Amistad se eligió la primera Miss Carnaval, antecedente de lo que hoy conocemos como Reina del Carnaval.
Con la llegada de la Guerra Civil, los carnavales de Santa Cruz sufrieron el mayor parón de su historia. En 1942 el Gobierno Civil publicó en la prensa local que no toleraría fiestas de ninguna clase en donde se mostraran máscaras, caretas y disfraces, tanto en la calle como en las sociedades recreativas. Tímidamente, a medida que avanzaba la década, las sociedades hicieron un guiño a las autoridades y empezaron a organizar algunas fiestas y bailes de disfraces en sus salones, denominándolos "reuniones amenizadas por orquestas". Años más tarde se volvían a ver de forma más regular las máscaras por la calle y se celebraron los primeros concursos de rondallas desde la guerra. A pesar de la fuerte prohibición, en 1954, tanto el pueblo de Santa Cruz como su ayuntamiento apoyaban el restablecimiento de las fiestas. Las parrandas y máscaras eran algo habitual en las calles cercanas al muelle, así como los bailes en las sociedades privadas, siempre dentro de un orden y bajo vigilancia estrecha del Gobierno Civil. Estas fiestas solapadas se convirtieron en "legales" en 1961 con la celebración de las primeras "Fiestas de Invierno de Santa Cruz de Tenerife". Los carnavales se disfrazaban ellos mismos con otro nombre, bajo la justificación de la tradición y de ser ahora una atracción turística.
Tras la llegada de la democracia, en 1977 los carnavales recuperaron su nombre y adquirieron un auge inusitado, llegando a ser declarados en 1980 "Fiestas de Interés Turístico Internacional." En la actualidad, y tras varios cambios y mejoras para adecuar las fiestas a los tiempos que corren, el carnaval de Santa Cruz sigue siendo la fiesta de mayor participación popular con las que cuenta la ciudad.
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