Expedición Balmis
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Testimonios · Año: 1803
Una de las primeras campañas de vacunación de la Historia tuvo lugar en Santa Cruz de Tenerife; fue contra la viruela y estuvo promovida por el médico español Francisco Javier Balmis y Berenguer (1753-1819), que entre 1803 y 1806 comandó una expedición de carácter filantrópico que dio la vuelta al mundo.
El objetivo era difundir la recién descubierta vacuna contra la viruela en los territorios españoles de ultramar. Para ello había que hacer frente al reto de transportar la vacuna a una gran distancia de forma que estuviera en condiciones de ser utilizada cuando se llegara a su destino. Balmis ideó reunir un grupo de veintidós niños, inoculando el virus a dos, de manera que cuando estos desarrollaran la forma atenuada de la enfermedad, se repetiría la operación sucesivamente. A través de esta cadena, el fluido llegaría fresco a larga distancia. Estos contenedores humanos (denominados “reservorios”), que a modo de refrigeradores mantuvieron el remedio en óptimo estado, fueron elegidos entre huérfanos procedentes de la casa de expósitos de La Coruña. Balmis contó para su proyecto con la colaboración de su ayudante el cirujano Josep Salvany (que actuó como subdirector del proyecto), de un médico auxiliar más, dos practicantes, tres enfermeras y la rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña, Isabel Zendal, quien sería la encargada del cuidado de los niños durante el viaje.
El 9 de diciembre de 1803 la expedición llegó al puerto de Santa Cruz de Tenerife. La ciudad rozaba, por aquel entonces, los siete mil habitantes; contaba con un apañado muelle, una bonita alameda frente al mar, una espaciosa plaza de concurrencia, dos iglesias de porte, algunas ermitas y un recinto amurallado de costa que la recorría desde el barrio del Cabo al sur, hasta el Toscal al norte. Hacia el interior, la calle del Castillo apenas sobrepasaba a la calle del Norte (hoy Valentín Sanz), desde donde comenzaba la carretera hacia La Laguna.
La llegada de Balmis con su vacuna fue acogida con gran entusiasmo por la población local. El mismo día de su atraque, desembarcaron cuatro niños portadores del virus que se dirigieron inmediatamente a casa del comandante general, donde se procedió a vacunar, con el pus extraído de sus brazos, a diez muchachos de las principales familias de la Isla. Al día siguiente, se comenzó con la campaña sanitaria al resto de la población, en la que el doctor Viejobueno, como presidente de la Junta de Vacunación local, fue el responsable de conservar activo el fluido vacuno, así como de instruir al personal sanitario para que continuaran las inoculaciones.
En algo más de dos semanas el número de vacunados alcanzó la cifra de ochocientos. Desde Las Palmas se enviaron siete niños de diversas edades. Cuando, el 2 de enero de 1804, regresaron con la vacuna en sus cuerpos al puerto de La Luz, fueron recibidos como héroes, montados en una carroza descapotable y paseados por las principales calles y plazas de Las Palmas. De Lanzarote vinieron cinco niños. A su regreso a la isla de los volcanes, se procedió a inocular a otros cinco y al día siguiente, se repitió la misma operación con otros tres. Unos días más tarde fueron llevados a Teguise, por aquel entonces la capital de la Isla, donde se vacunarían más. En La Palma la población actuó, en un principio, con recelo y desconfianza ante este enorme avance sanitario. Tanto desde los púlpitos como desde las autoridades, se animó a que se enviasen niños a Tenerife a recibir la vacuna. Al final, las dudas se disiparon y se trasladaron siete niños expósitos. Desde Fuerteventura llegaron otros cuatro, regresando días después a su isla natal con el antídoto en sus cuerpos para allí difundirlo.
Tras esta exitosa campaña y casi un mes de estancia en Santa Cruz, el 6 de enero de 1804, Balmis y sus expedición zarparon del puerto tinerfeño rumbo al Caribe. Canarias, más concretamente Santa Cruz de Tenerife, como tantas veces a lo largo de su historia, fue avanzadilla y campo de experimentación de lo que luego sucedería en América y en otras partes del mundo.
28.467324956773, -16.246480942181