Monumento a Diego Guigou y Costa
Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Arte · Subcategoría: Escultura · Año: 1924 · Autores: Francisco Borges Salas
El monumento al Dr. Guigou, uno de los grandes benefactores de la infancia en Santa Cruz y ardiente promotor de la construcción de un parque público para la ciudad, ha sufrido a lo largo del tiempo cambios tanto en su aspecto como en su ubicación.
Diego Guigou y Costa (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1861-Santa Cruz de Tenerife, 1936) realizó sus primeros estudios en La Laguna y posteriormente ingresó como funcionario del Ayuntamiento de Santa Cruz, puesto que abandonó al trasladarse a Cádiz para cursar la carrera de Medicina que culminó en 1887. A partir de ese momento desarrolló una encomiable labor humanitaria mostrada primero, en 1893, con un brillante comportamiento con motivo de la terrible epidemia colérica que asoló la ciudad y sus alrededores; luego, con la fundación de un hospital infantil de referencia, el conocido como "Hospitalito de Niños""; y por último, por sus prolongados esfuerzos desde las páginas de la prensa local en pos de conseguir la realización de un parque público para la ciudad.
La primera noticia para la realización de un homenaje a este benéfico personaje la encontramos en 1924, cuando el periodista Leoncio Rodríguez lanzó la idea de que todos los niños de Tenerife aportaran un real para la elaboración de una medalla de bronce que lo inmortalizara. El escultor tinerfeño Francisco Borges Salas realizó entonces un retrato de perfil del admirado médico, al que se le añadió en letras de oro la leyenda: "Los niños de Tenerife al Dr. Guigou". El primer elemento y más importante del monumento que hoy observamos había quedado constituido.
Años después de la muerte del insigne doctor, acaecida en 1936, el Ayuntamiento quiso perpetuar el homenaje, asentando la obra de Borges sobre una base de piedra adornada por dos "putti" (pequeños angelitos) de mármol. El nuevo monumento se instaló en las inmediaciones de lo que hoy es el paseo Domingo López Torres del García Sanabria, en la trasera del reloj de flores.
Tras la remodelación efectuada al Parque en 2007, se procedió a trasladar el homenaje a la esquina de Numancia con Méndez Núñez, quedando a partir de ese momento configurado por medio de un prisma de base cuadrangular de hormigón donde se asienta la placa original de bronce con el perfil del homenajeado rodeado por volutas y el escudo municipal enmarcado por dos grandes alas. En la parte superior de la efigie aparece una estrella de seis puntas y en la parte inferior un reloj de arena, ambos elementos de simbología masónica. La placa se completa con la inscripción original que nos recuerda que se trata de un homenaje de los niños de Tenerife a su gran benefactor. En la parte inferior nos encontramos una base metálica con una inscripción firmada por Diego Crosa que reza lo siguiente: “Hay hombres que no deberían morir, sino ser eternos, para dicha de los suyos, para gloria de su pueblo”.
28.470663, -16.253835