Sede Central de CajaCanarias

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Espacios culturales · Subcategoría: Instituciones · Año: 1987 · Autores: Francisco Artengo Rufino, José Ángel Domínguez Anadón, Carlos Schwartz Pérez

Este es el cuarto edificio que ha albergado en Santa Cruz la sede de la Caja General de Ahorros a lo largo de su historia. Las primeras oficinas se abrieron en 1911 en los bajos de un edificio, hoy desaparecido, proyectado por el arquitecto Antonio Pintor y que estuvo ubicado en la esquina de las calles Juan de Padrón y Carmen Monteverde. Los otras dos sedes siguientes fueron obras del arquitecto Domingo Pisaca: la primera en la calle de Pérez Galdós (1929), y la segunda en la plaza de Santo Domingo (1957), en la esquina de la calle Valentín Sanz con Ángel Guimerá.
Este último edificio, construido en la década de los cincuenta del siglo XX, quedó con el paso de los años obsoleto, por lo que la entidad bancaria convocó en 1974 un concurso de anteproyectos para su nueva sede social, a emplazar en un amplio solar ocupado hasta entonces por un edificio señero en la historia del espectáculo de la ciudad: el Parque Recreativo, un antiguo teatro de varietés construido a principios del siglo XX, que había servido como cine y para otras diversas actividades lúdicas.
La Caja pretendía para su nueva sede un edificio operativo, flexible y con un claro sentido de la sectorización, pero sobre todo necesitaba una edificación representativa, una construcción que entrara en el capítulo de las obras singulares y monumentales de la ciudad. El primer premio del concurso fue para el equipo de arquitectos  formado por Francisco Artengo Rufino, José Ángel Domínguez Anadón y Carlos Schwartz Pérez. Tras algunos retoques en el proyecto debido a dificultades urbanísticas y de ordenamiento de la zona, y tras solucionar aspectos relativos a la cimentación (la nueva construcción iba a estar situada sobre el cauce de un barranco), las obras se dilataron en el tiempo, quedando la nueva sede de Cajacanarias finalmente inaugurada el 15 de mayo de 1987.
El edificio se nos presenta como una pieza poderosa, espléndidamente construida. Cuenta con una riqueza material que luce, sobre todo, en la piedra de pigmentación tan especial extraída de la montaña de Tindaya (Fuerteventura), y que forra los volúmenes. Estos están dispuestos siguiendo un atento análisis de las condiciones diversas de las calles adyacentes y se despliegan sobre una base reticular  y sobre un juego de diagonales, resaltando las aristas en un atrevido juego que produce triángulos y trapecios en una mutua relación de equilibrio. Un potente juego de ventanas abalconadas ordena las fachadas en las que, en ocasiones, lucen patios ciegos. En el interior encontramos un espacio generoso y muy bien aprovechado.

28.469351, -16.250925