Casa natal de José Murphy

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: S. XVIII

En la "casa alta" que en su momento existió en la calle de San Francisco, haciendo esquina con la de San Martín y con trasera a la de San Juan Bautista, nació y vivió José Murphy, uno de los políticos liberales más importantes del primer cuarto del siglo XIX, principal propulsor de la capitalidad del Archipiélago a favor de Santa Cruz de Tenerife y defensor a ultranza de las singularidades económicas canarias frente al resto de la Península. 
José Murphy y Meade (1774-1841) nació en esa casa en el seno de una familia irlandesa dedicada con éxito a la carrera mercantil. Educado para tal fin, hablaba y escribía perfectamente en inglés y en francés, lo que le permitió desarrollar una notable experiencia comercial con el extranjero. Hasta el Trienio Liberal (1820-1823) José Murphy participó activamente en la vida pública tinerfeña y estuvo activamente comprometido con el proyecto de convertir a Santa Cruz en una ciudad portuaria abierta al comercio mundial sin trabas ni aranceles. Su carrera política, ya fuera como síndico personero del Ayuntamiento, miembro de la Junta Suprema, diputado provincial o diputado a Cortes, estuvo marcada por la lucha por la hegemonía de Santa Cruz frente a La Laguna y Las Palmas por convertirse en la capital provincial de las Islas, objetivo que logró para su ciudad natal en 1821. Dos años más tarde, en 1823, tras el derrocamiento del régimen constitucional y la vuelta del absolutismo de Fernando VII, José Murphy, condenado a muerte por sus ideas liberales, tuvo que marchar al exilio, primero a Londres y luego a México, donde falleció en la miseria en 1841.
De su casa natal poco sabemos. Denominada como "casa alta grande" tenemos una descripción de Juan Primo de la Guerra, III Vizconde del Buen Paso, que en su Diario de entre 1808 y 1810 la describe así en una noche de baile:
La casa de Murphy es de las más altas, más gusto y bien adornadas que hay en este pueblo. Las salas de recibir estaban iluminadas; en una había mesas con rosquetes y bizcochos, ponche y otros licores, y en el comedor se servía el té cuando llegamos. Se halla en la pieza intermedia a la sala un escritorio de caoba con embutidos y puertas de cristales, que contienen una considerable colección de libros españoles, franceses e ingleses. Nunca había tratado yo a los dueños de aquella casa, cuya atención y obsequios dan idea de su civilidad.
Parece ser que esta edificación, que contaba con torreones para divisar las embarcaciones que entraban en el puerto y que eran de tanta importancia económica para la familia Murphy, desapareció a finales del siglo XIX a causa de un incendio. En su solar se construyó otra que fue derribada en los años setenta del siglo XX para levantar el edificio que hoy vemos, en cuya fachada de la calle San Francisco fue instalada, en 1978, una lápida que recuerda que en este lugar nació y vivió este político liberal que tanto hizo por su ciudad. 

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