Fortaleza Vieja o Cubilete Viejo

Santa Cruz de Tenerife · Categoría: Memoria · Subcategoría: Espacios de la memoria · Año: 1553 · Autores: Francisco Merino

Ante la poca efectividad de la primera infraestructura defensiva que existió en Santa Cruz llamada “El Baluarte”, en 1547 el Cabildo de la Isla se propuso realizar una nueva fortaleza que mejorara la antigua. La falta de dinero no lo hizo posible en ese momento. Hubo que esperar a que el pirata francés Le Clerc, “Pie de Palo”, saqueara en 1553 la próspera ciudad de Santa Cruz de La Palma, para que un año más tarde el gobernador de Tenerife, Juan López de Cepeda, acelerara los trámites para construir la ansiada fortaleza en Santa Cruz de Tenerife.
La nueva estructura defensiva se situó al lado del viejo Baluarte, entre la Caleta y la playa de la Carnicería. Los trabajos fueron ejecutados por el maestro de cantería Sebastián Merino, sobre planos enviados por su hermano Francisco, cantero de Las Palmas.
La construcción era una recia estructura de planta rectangular con irregularidades que se adaptaban al terreno, tanto por lo accidentado de la línea de costa como por el desnivel del solar. La característica principal estaba definida por la existencia de dos pequeños torreones o cubelos, levantados en las esquinas próximas al mar, uno mirando hacia la Caleta y otro hacia la playa de la Carnicería. Ambos estaban rematados por almenas para el emplazamiento de la artillería.
La edificación se elaboró de sillería en su base y de mampostería en el resto. No tenía estancias, solo un hueco para la escalera de subida a la plaza de armas amurallada, donde se abrían las troneras. La entrada principal se encontraba en el lado opuesto al mar y estaba rematada por los escudos de España y Tenerife.
Esta fortaleza, también conocida como cubilete, quedó artillada en 1557. Durante años, dada sus carencias estructurales, no se paró en realizar obras en ella para su mejora o reforma; tal fue le caso de la adición de una muralla por el sector norte, lo que dio lugar a la formación de un patio central. 
A pesar de todo, esta estructura nunca llegó a convencer a los diferentes ingenieros militares que empezaron a llegar a las islas con el objetivo de fortificar los costas canarias, ahora en peligro ante los múltiples frentes abiertos durante el reinado de Felipe II. Su mala ubicación y su poca altura, provocaron que en 1575 el Consejo de Guerra resolviera la construcción de una nueva fortaleza situada más al norte, en el lugar que ocupaba la ermita de la Consolación, zona mucho mejor orientada para la labor de defensa costera. Fue el comienzo tanto del nuevo castillo de San Cristóbal como del desmantelamiento de la Fortaleza Vieja, que en 1576 comenzó a ser desmontada. Sus materiales sirvieron para la construcción del nuevo castillo de San Cristóbal, destinado a convertirse en todo un símbolo para la ciudad hasta su desaparición ya en el siglo XX. 

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